miércoles, 17 de mayo de 2017

Sentir

De pequeño, se me planteaba la pregunta de qué era sentir, mas luego, las subsiguientes de, por y para qué sentimos, y siempre ha sido una materia pendiente para mi. El moralismo familiar tendía a suplir mis inquietudes, pues desde la disciplina y la obediencia me animaba a mí mismo y así me encontraba incluido en determinados grupos a los que acudía, incluso me creía integrado en la opción moral y social de esa mentalidad, pues mi sumisión así me lo hacía creer.

Con el tiempo, creo haberme despojado en un porcentaje alto de dependencias culturales adquiridas, y ahora, creo poder darme una respuesta satisfactoria a estas preguntas, pero no son inmediatas, aunque creo poder concluir con esta aseveración; es la manera con que percibimos la repercusión de la realidad en uno mismo. No obstante, lo justificaré mediante abundante explicación en el transcurso de esta exposición.

Desde ese INICIO desde el que surgió todo, se suceden una serie de normalidades que hacen que cada cosa sea, y de no ser así dejarán de ser, aunque sólo sucedería en lo que son en ese punto, pues podrían pasar a ser algo distinto, ya que se transformarían en otra realidad dentro de las posibilidades.

Todos los fenómenos y las fuerzas que existen se dan en todos los elementos dentro de unos contextos, y ésto es lo que desencadena que todo exista. Cada elemento está repercutido por aquello que, a su vez, le dota de ciertas características propias, y éste conjunto es lo que le hace permanecer.

Aquello que era el inicio también estaba en un ambiente parecido, o al menos contenía a lo que después se generó, pues, todo lo que a partir de ello aparezca, adquirirá características de lo que fuera ese inicio, y es por ello que están físicamente localizados en esas dimensiones.

De todo lo que surgió desde entonces, hay elementos irreductibles, que en determinadas circunstancias, pueden relacionarse con otros y establecerse un intercambio de características particulares, de lo que surgirán consecuencias.

Por un lado pueden separarse uno de otro, aumentando la distancia entre ambos, llegando a un punto de equilibrio en el que permanezcan tal y como son sin modificaciones en sí mismos en su estabilidad, pero también podría darse el acercamiento, bien por causas propias mediante atracción mutua, o externas por imposición de circunstancias, que de persistir les podrían generar muestras de inestabilidad, que serían más notables cuanto más cerca de sus límites de resistencia al cambio se acerquen.

Tal es así que, traspasado ese punto, se pueden producir interacciones entre las características de los elementos implicados, lo cual puede generar la aparición de un nuevo equilibrio en la forma de otra concreción posible, que tendrá unas características propias que podrían ser distintas de lo que lo ha generado, ésto es así gracias a esa repercusión dentro de estas dimensiones a las que está sometida la novedad generada.

Cuando hay este tipo de cambio, también se genera una energía residual que se desprende del suceso, a modo de consecuencias inherentes, pues, lo sobrante fluye en otras direcciones, como lo hace el agua cuando desborda el límite que la contiene.

Estos residuos son partes energéticas de esas partículas que en esa situación aparecen, proceden de lo que hubiera y se han desprendido de su origen, y en el ambiente quedan ello y esa concreción que se ha producido, pudiendo aparecer como sólido, líquido, gas, o como una manifestación de temperatura, presión, fuerza, movimiento, etcétera. Pero tras ese suceso quedan dos partes diferenciadas; el resultado que ha adquirido el equilibrio y los restos, que también están en equilibrio.

Entre los elementos, sus características físicas son las que se repercuten directamente cuando están al alcance y ante cierto contexto, y ello es lo que hacen, sin más. Dichos elementos, son tan estables en sí mismos que, han de ser sometidos a magnitudes impresionantes para que se produzca un cambio en ellos o entre ellos. Conforme se van relacionando, se generan residuos y elementos, que al proceder de ello, obtienen su potencial de lo precedente y queda repartido entre lo que se genere. Ésto no puede ser sino es que cada repercusión conlleva menos capacidades de estabilidad por sí mismos, aunque en realidad, continúan poseyendo esa máxima de estabilidad que les hace perdurables en ciertas circunstancias, lo cual implica que esas circunstancias que precisan son más críticas que las precedentes.

Cada elemento, desde los primigenios hasta los generados tras cualquier repercusión posible, tan sólo se diferencian en dos cosas, por un lado por las circunstancias que necesitan para permanecer como son, y por otro en los residuos que pueden generar, ya que ambos aspectos son los que definen su estabilidad al crear lo que se concrete y que alteran las circunstancias futuras.

Hay infinidad de relaciones y combinaciones posibles entre elementos y residuos, desde la aparición de elementos básicos surgen sus combinaciones, pero en cualquiera de estos contextos sus características particulares son, en sí mismo su estabilidad, y están sometidos al devenir de las manifestaciones circundantes, contra las cuales actúan en aras a su estabilidad.

Estamos ante un ambiente donde tanto los residuos como los elementos, son estables y todo se repercute con todo, de manera que todo es en sí un residuo o elemento, según queramos fijarnos en la definida y útil concreción. Es como ir por un camino de tierra hacia una vivienda, reconocemos las piedras como residuos, y el objeto útil es el camino o el destino, pero no te golpees con una voluminosa roca, a ver si es objeto o residuo.

Al tiempo, aparecen ciertas combinaciones entre residuos y elementos tales que en sí mismos no son casi nada perdurables, y llevan impuestos unos comportamientos que les acucian cuando las circunstancias aprietan, haciéndoles sentir como necesidad que han de hacer algo para poder seguir siendo.

Dichas combinaciones son seres que sienten, entre los que nos encontramos los seres humanos, y podemos decir que hemos adquirido la capacidad de ser conscientes de nuestra inestabilidad, pues estamos muy pendientes de esas circunstancias que nos ponen en situación crítica de supervivencia y de las consecuencias posibles, pues en nosotros significa perder algo de nosotros mismos, y es en ello que sentimos si estamos bien o nos falta algo para estar bien, así que ese sentir actúa como detector de nuestra estabilidad.

Básicamente podemos afirmar que si sentimos es para seguir siendo, o al menos, captamos lo que a priori podría ser una repercusión para nosotros, y es que por ello, nos adelantamos a la posible consecuencia para nosotros, para nuestras vidas.

Este sentir no es perfecto, sino que parte de un estado previo y nos informa de la variación de ello, lo cual no es una conclusión vital a priori, pero sí es una previsión de cómo podría quedar uno.

Los sentidos no sienten lo que transmiten, pues no son ellos los que convierten su funcionamiento en sentir, sólo que como sucede con ellos, percibimos a través de ellos esas manifestaciones de energía repercusora antes de que sucedan, lo cual nos da tiempo para recapacitar en sí es conveniente un acercamiento, una huida o un permanecer.

Digamos que sentir es un mecanismo cuya función suple la estabilidad en los elementos u objetos insensibles, pues informa de las posibles repercusiones del contexto hacia nosotros, pero al mismo tiempo, es capaz de establecer una idea que predomine en cada cual, y según ello, hacer que ese ser que siente se mueva en esa dirección.

Cuando tenemos hambre, buscamos superar ese mal sentimiento como lo hemos aprendido, lo mismo sucede con todas las demás necesidades, y de no conseguirlo nos genera un malestar que nos obliga a ello, incluso transformando la percepción de los sentidos físicos mediante la exageración de lo percibido, siendo filtrada la realidad por esa necesidad acuciante. No resarcir la necesidad puede conducir a una fijación hacia ello, tras lo cual, la percepción amplía posibilidades de resarcimiento aceptando como posibles otras realidades en su entorno, es decir, nos hace sentir mal por no conseguirlo, y esta sensación mantenida en el tiempo conduce a un sentirse peor, lo cual conduce a intentar otras opciones no aprendidas y así a aumentar las posibilidades de conseguirlo, lo cual añadirá su propio conocimiento, y así seguirá siendo, pues lo importante es eso.

Por lo que se ve, sentir es también la idea que uno lleva de lo que debería ser la realidad en orden a uno mismo, pues, buscamos nuestra tranquilidad del sentir, por un lado, acallando con aprendizaje las necesidades naturales que nos generan malestar, y por otro, aportando una idea preconcebida que los reúne, y mediante una visión más amplia, intenta jerarquizar los posibles y conocidos "sentir" para darles soluciones preconcebidas, solucionándolas con el menor desgaste posible.

Así que, en realidad, el sentir es algo muy personal e individual en el sentido de esa idea, que bien puede haber sido aprendida en un contexto concreto, pues esa sabiduría recoge aquellos sentires concretos conocidos a los que uno puede estar sometido y, como compendio de costumbres y modas positivas, reunirlos en su moralidad, que será transmitida a sus congéneres, para dotarles de armas intelectuales con las que defenderse del entorno y sobrevivir lo mejor posible, a través de su cultura, pues en realidad, éstas moralidades no son más que una generalización de los sentires comunes en sus contextos; como el hambre, sed, relación social, sexual, etcétera, aunque como ya he apuntado, cada contexto lo orienta de forma concreta.

Después de ésto, sólo me cabe concluir con que sentir es captar la realidad y anticiparse hacia su repercusión, así que busquemos con nuestras acciones el mejor sentir posible, aunque la vida también nos aportará nuestro particular conocimiento que transmitiremos a cuantos podamos repercutir con ese saber.

Dicho ésto, se ve claramente que sentir es, en sí mismo, una moralidad, pues reúne la idea de cómo debería ser el futuro sobre su repercusión en uno, y ésto se afianza como saber individual, que preside las acciones individuales hacia su consecución, de una manera u otra.

Como no puede ser de otra manera, cada cual tiene su individualidad, así que cada cual percibe a las demás individualidades y las pone en relación a la suya, intentando comprender el encaje entre ellas, y de no ser posible se producirá una separación. Como es comprensible, éste encaje debe ser siempre de beneficio personal, es decir, que en algo te sientas beneficiado.

Finalmente, cada sentir te permite saber a priori si lo que está cerca te sentará bien o no, y de aquello que uno desconoce, deviene la sabiduría por experiencia.

Tras todo ello, lo que a cada cual le queda es su sentir particular que va evolucionando con el paso del tiempo, pues esa experiencia te redefine aquella moralidad inicial con la que partiste, adquirida de quienes te enseñaron en aquel contexto las cosas de la vida, pero, como el contexto es cambiante por ser la vida cambiante, las experiencias te hacen tener tu propio sentir, con el que sobrevivir buscando un sentirte bien según tus necesidades, pues, de lo contrario, muy probablemente te condujeras tú mismo, en algún momento, hacia la muerte al haber sucumbido ante cualquiera de los riesgos vitales a los que te someterás en tu vida.

Para terminar, sentir es la búsqueda de un equilibrio para seguir siendo, es decir entre ser y no ser, pues hay que seguir siendo y el ser, por sí mismo tiende a no ser, así que, ese equilibrio es lo que buscamos como respuesta, lo que sentimos de positivo es porque confiamos en ello, y como negativo porque nos conduce en su contrario, pues ya no somos esos elementos básicos con cuyas solas características ya perduran y no precisan de nada más, ni somos esa combinación de elementos básicos con cuyo movimiento atómico equilibrado, permanecen en el tiempo por sí mismos, ni las combinaciones de estas combinaciones atómicas cuya estabilidad está asegurada por los equilibrios entre sus componentes combinados... sino que somos, esas otras combinaciones cuya evolución le ha quitado casi toda su función estable, y a cambio, nos da la característica de tener que buscar esa estabilidad a cada cierto tiempo. Pero de ese tipo de combinaciones, somos los que además, sabemos que lo somos, y ello nos sitúa en el tránsito entre este mundo y el no ser el mundo, aunque, como es natural, a la naturaleza de la que dependemos, nada le preocupa, pues, si desaparecieramos, a ella le daría igual y seguiría en su dinámica infinita de creación de combinaciones posibles.

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