viernes, 1 de mayo de 2015

¿ Quién nos enseña a ser seres humanos ?

Y quizá el ser humano actual no difiere en (absolutamente) nada de aquel primer ser del que podamos atrevernos a decir que era un “ser humano”.

Quizá él, como cualquiera de los nosotros actuales, pasados y futuros, viviera inmerso en un mundo que le motivaba ora por sus necesidades básicas ora por sus otras necesidades menos básicas.

Quizá, sólo entendiera su mundo por las sensaciones, unas puramente físicas otras más intelectivas, pero siempre intentando conseguir un balance satisfactorio entre todas sus experiencias y, quizá, atisbara que ese otro mundo que percibía desde su corporalidad ya le hacía sentirse de alguna inexplicable manera, preso de su realidad.

Quizá, creyera que cada momento de su cada día debiera arrojar una sensación interior en la cual uno se sintiera entre cómodo y satisfecho, donde la seguridad de poder continuar se estableciera como lo primordial en su vida, aunque para ello tuviera que arriesgarla, siempre como último recurso.

Como digo, creo que si somos seres humanos es porque somos conscientes de todo esto, e, independientemente del nivel cultural de cada cual, lo llevamos tan dentro que, creo, es reconocida como base de dignidad humana.

Con el paso del tiempo, la sociabilización nos ha conducido a vivir en un mundo extranatural donde el aparente, y real, control de la naturaleza conlleva supuestos avances, en verdad reales, donde, (ya parece así), lo que molesta de la vida humana es la naturaleza, y en ese arrogante inconformismo vital, casi que para nosotros es así, la leche lo dan los envases, que la pasta de dientes es un producto natural contenido en una vaina de plástico llamada tubo, que el tacto más natural que utilizamos diariamente se llama polímero (plástico) y que lo importante de todo no es lo que lo produce ni como ni su coste sino la sensación que nos debe quedar después de usarlo; alegría, plenitud, tranquilidad...

Quizá, seamos seres humanos porque queremos, de una forma consciente y voluntaria, lo que deseamos, pero también porque no contemplamos la eternidad en la negación, pues bien sabemos que en ella se da la temporalidad más que la eternidad, a quien si se la asignamos.

Quizá dejáramos de ser sólo animales cuando ésta semilla germinó dentro de nosotros y, desde entonces, todo son avances, descubrimientos, logros y proyectos que contienen ese mismo germen.

Pero no hemos dejado de ser animales, por mucho que se empiece a hablar de transplantes de cuerpos completos o casi, somos unos animales cuyas capacidades nos hacen comprender que somos animales y, eso... duele.

¿ Será posible que todo lo que cada cual ha conseguido en su vida se pierda para uno mismo con la muerte ? Indiscutiblemente, así es, aunque bien es cierto que algo permanecerá como transmisión, legado o herencia hacia los que queden, bien por ser los que le querían o tan sólo conocían o por ser beneficiados universales, pero, incluso en todas las civilizaciones que creían en que la vida era algo increíble, y que después de ella devendría algo inimaginable, donde el dolor, la inseguridad y la necesidad no tendrían cabida alcanzando el sumum de la realización personal tras la muerte... incluso ellos creían en algo más ...


Si echamos una mirada a las necrópolis, los sarcófagos, los restos de embalsamamientos, las crueles fosas comunes, los congelamientos y fósiles, o, simplemente, visitamos los almacenes donde se conservan los cuerpos donados a la ciencia… comprendemos que aquello, en realidad, permanece en esta vida, y, que todo está sometido a los procesos naturales, tal y como cuando eran materia viva, pero, tras superar muchos prejuicios, lo descubrimos como lo que en realidad fueron en vida, unos seres naturales como tu y como yo, sometidos a las tendencias vitales pero pertrechados por su momento histórico, gracias a lo cual podemos comprender la cultura que regía sus vidas. Aunque nos quedará un vacío porque para nosotros la vida es sentimiento, relación, emoción, pasión y todo como una incesante necesidad que conduce a llenarse de experiencias intensas y es por ello que nos cuesta aceptar que no haya nada tras la muerte.

Creo que hasta que el ser humano no se de cuenta de que la vida es lo que se vive y nada más, y que la vida de un ser humano contiene un imparable germen que le hará permanecer, y que es por eso por lo que todos vivimos tan intensamente ese “querer más”, creo que hasta que no nos demos cuenta de nuestra naturalidad, seguiremos inventando oportunistas culturas cuya única finalidad va a ser la de controlar con quimeras, económicas-políticas-espirituales, “al todo” para conseguir un real beneficio de muy pocos, es decir que ese “querer más” esté al alcance de muy pocos, los cabezas de las mismas, aunque, eso sí, quizá requiera de un necesario beneficio de los súbditos coetáneos para que les consigan su necesario enaltecimiento según su implantada interesada cultura.

En realidad, yo opino que, ese germen está implícito en la propia naturaleza, que lo encontramos en todo aquello que tiene que ver con la transmisión, bien como evolución bien como mezcla o fusión. Se observa en la naturaleza que todo contiene ese germen, como ejemplo me fijo que a nivel cromosomático (pido perdón por mi atrevimiento), pero son más duraderos, estables y transmitibles los genes mediante la unión entre orígenes distintos de una misma especie, así, el ser resultante estará “mejor preparado” para sobrevivir en ese natural ambiente de acuciantes necesidades y, quizá, también será más apropiado para producir mejores transmisiones.

Si la vida en sí misma enseña algo es que su finalidad es continuar y lo hace a través de la adaptación continua y ésta se beneficia de otras experiencias compatibles, gracias a las cuales, mediante la mezcla de compatibilidades, queda mejor preparada para el siguiente paso… continuar estando mejor preparada y con cada paso, indiscriminadamente, beneficia a todos los seres futuros.

Me maravilla la transmisión natural de las especies, me centraré en una en concreto, y es en el cómo una osa va enseñando a sus oseznos a reconocer los alimentos, rimero los olisquea para que sus oseznos los vean, después los introduce en su boca y exhala su aliento mezclado de los fluidos y aromas del mismo hacia el hocico de sus crías, transmitiéndoles así ese olor y, de ésta manera, enseñándoles a comer como  osos.

Y ante todo ésto termino…. Somos individuos adiestradamente sociabilizados, y raro es quien no sabe qué pose, gesto, ademán o contestación dar ante casi cualquier situación, o someterse a grandes sensaciones y, confiadamente, utilizamos cuantos medios y recursos nos ponen en nuestras manos como beneficio necesario, aunque posteriormente nos culpabilizan por haberlo hecho y... cada día estamos más determinados en nuestras acciones por temores globales y... sin fumar que es muy malo pero...

¿ Quién nos enseña a ser seres humanos ?


La extinción del ser humano...

¿Cuántas veces se ha extinguido el ser humano? en mi opinión, tantas como pueblos, culturas y civilizaciones hayan desaparecido pues...

Todos nacemos en un momento histórico que nos impone sus límites y nos desarrollamos en la concreta evolución producida por interacción entre todas las vidas pasadas dando sentido a un presente que justificará un futuro.

Se dan limitaciones morales, conductuales e intelectuales que nos califican dentro del conjunto, de manera que aquellos que no siguen esas pautas son marcados como a-morales, in-morales, herejes, traidores, ácratas, apóstasas, etc.

Como es natural, cada cual “cae” en un ambiente familiar definido por la facilidad de encontrar los elementos necesarios para vivir y, posteriormente, desarrollarse. Hablamos de sistemas de clases sociales o de castas, o… en fin, cada sociedad lo llamará a su manera. Dentro de ese conjunto social, cada cual tenderá a, o querrá ocupar un puesto social u otro según la apetencia y aptitudes personales, de ahí se concretará la repercusión que uno va a tener dentro del grupo.

Qué duda cabe que así es como el individuo encuentra su “qué hacer diario” y en ello, un “reconocimiento” social que le planifica y ubica dentro de su entramado. Estar fuera de ello es invocar sensaciones provenientes del desamparo y desazón quizá porque uno siente su inutilidad al no poder desarrollarse como ese “ser” social que “tiene que ...” para poder conseguir ese... “mínimo” para vivir y ese… “ser algo”.

En fin, básicamente, cada cual pasa su vida obedeciendo a esas normas morales, naturales y sociales con las que se está comparando constantemente para saber la posición que ocupa dentro de su tela de araña, y, lo cerca o lejos que está de sentirse devorado por esa araña que se llama juicio, tanto personal como social como moral, pues son estos tres los que atemperan los comportamientos de quienes consideran que eso es lo correcto, que normalmente somos la mayoría de los individuos.

Tras toda esa vida, quedará un recuerdo a modo de repercusión de cada persona sobre esos elementos de juicio que le han estado limitando toda su vida, y, mientras se utilice su aportación, estarán vivos de alguna manera. Quizá sólo quede una lápida de mármol que una vez estuvo reluciente y engalanada de flores y lágrimas en algún cementerio, o un recuerdo evocado al coincidir circunstancias similares a aquello que uno sintió en el pasado, o, una usabilidad práctica a modo de invención como un utensilio, herramienta, o pensamiento que nos ayuda actualmente a comprender o dar sentido a la vida diaria, … en fin, todos sabemos que “esa trascendencia de cada cual” es lo que permanece y en ello, creemos que la muerte es a la vida lo que la dignidad para un gusano, es decir, ver si cuando el gusano se coma la carne aún queda algo, y es por eso que se pone tanto énfasis en lo relacionado con la muerte, al menos desde que somos capaces de retrotraernos en el tiempo en cuanto a los rituales funerarios.

Llama la atención que no hay cultura que no encuentre en estas palabras desasosiego, pues, como seres naturales que somos, el mundo de los sentimientos y el pensamiento nos conducen hacia movimientos socio-culturales concretos a modo de rituales cuando un ser querido muere, pues tienden a dar cabida a la significación afectiva y social hacia el ser difunto, nos hacen comprender que aquello es una “pérdida para nosotros” y que esa es la mejor manera de despedida, siempre tan hiriente, pero sentimos y sabemos que esa persona dejará de interactuar con todo ese bien y esperanza que es la vida.

Cada cultura inventa, quiero creer que desde la sinceridad, una creencia sobre la trascendencia tras la muerte, porque de lo contrario ni tiene sentido la tristeza visto desde la razón ni tiene sentido la esperanza visto desde el sentimiento, así que… “tiene que existir algo más” por lo cual y hacia lo cual “se viva” y eso es lo que cada cultura nombrará y, desde entonces, generará todo un mundo artificial que servirá de cuarto elevado elemento de juicio a la hora de controlar a los individuos en sus comportamientos.

Cada sociedad, cada cultura, en definitiva, cada mundo espiritual, hará del momento de la muerte un acto tan importante para los vivos como para que no se desvíen en sus intenciones particulares, y el ritual sirva como antesala de la trascendencia, así los enterramientos concretan esas importancias trascendentales a través de los tipos de rituales funerarios.

Pero, cada vez que se encuentra un hallazgo de necrópolis, por muy cuidada que fuera la puesta en escena, lo único que se sabe es que aquello es un conjunto de huesos y, con suerte, cueros curtidos de pieles humanas, y se concluye en que eran gentes que creían que después de la muerte física había algo más, pero siglos después, comprobamos que ese algo no existe ya que nada de lo encontrado en sus cámaras mortuorias, fastuosas o sencillas, sirvió para los fines que su cultura creía como valor verdadero sin el cual la vida no tenía sentido.

Ciertamente, se comprende fácilmente que, antes como ahora, todo lo que rodea a la “dignidad de la muerte” es una escenificación de la importancia que el difunto tenía, o debiera tener, para sus seres cercanos, bien por la ligadura afectiva bien por su repercusión social, pero nada apunta a que esos enseres o animales o personas que acompañan al difunto hayan trascendido más allá de la degradación física temporal, porque, en realidad, nada de lo que hay en la tierra apunta a nada proveniente de deidades ni a otra vida que no sea la propia natural, aunque, sí queda claro que al ser humano le gusta creer en cosas increíbles antes que en su mera democrática naturalidad, pues de esa manera es capaz de desarrollar un mundo mucho más “ego-satisfactorio y ego-placentero”, para unos más que para otros, que el obligado por la naturaleza.

Tras todo este pensamiento, que probablemente otros lo tuvieran antes y mejor que yo, concluyo con la idea de que la persona debe centrarse en desarrollar su pensamiento y su sentimiento en armonía con el entorno en que que viene dada su vida, y esforzarse en crear sistemas que contengan a estos tres como únicos juicios reales y verdaderos, y, que sean los que rememoren las acciones de las personas en sus actos funerarios, dándole así su trascendencia, incluso, al bocado del gusano.

Para terminar, enlazar con la pregunta inicial, si el ser humano es su civilización… ¿Cuántas veces nos tenemos que extinguir para darnos cuenta de lo que es la vida?

sábado, 14 de marzo de 2015

Después de ésta vida, seguro que hay otra

Últimamente me llama la atención el tema de las momias, no así el de la momificación, que también pero menos, sino el de las razones por las cuales momificaban a las personas, bien por ser un valor cultural propio, bien para adquirir este concepto a la cultura invasora, como los Romanos, incluso, hoy en día, se sigue momificando a las personas en ciertas culturas y/o bajo ciertas significaciones.


Otra de las cosas que me ha llamado la atención es las momias naturales, me refiero a aquellas personas, o animales, que han llegado a nuestros días en un grado de momificación apreciable y permiten comprender “cosas” de su tiempo. Siempre ocurren porque se dan las circunstancias naturales para que se produzca y no existen intervenciones divinas o diabólicas, aunque si supersticiones, fanatismos y supercherías varias.



Desde mi ignorancia, que ahora comprendo que era casi completa, he aprendido muchas cosas y, como es normal, las he puesto en la fila de dudas existenciales que me surgen. Verdaderamente me ha suscitado mucha sorpresa, y me refuerza la intuición que ya sentía desde hace mucho tiempo sobre mi ser “espiritual”.

Veo con claridad que es la “cultura” quien consigue que las “cosas” perduren en el tiempo, que estamos viviendo en un momento de descubrimiento público impresionante sobre otras culturas y, hoy por hoy, y ésto hay que agradecerlo a quien lo practique, se ven las culturas como circunstancias históricas en las que vivieron las personas y que eran ellas, y no monigotes grotescos imaginarios, quienes sentía y quienes estaban regidos por unos sistemas de gobierno y en ello desarrollaban sus vidas y, que en realidad, no somos tan distintos.

Comprendemos ahora que la persona siempre se ha guiado por ideas y conceptos y que ello era tan importante como las necesidades fisiológicas, a poco que nos esforcemos, llegamos a la conclusión de que ambos grupos eran necesidades personales imperantes que perseguían un mismo resultado, sentir lo “mejor posible y que se pueda”.



He aprendido que la humanidad ha sentido y siente de manera física natural y piensa de manera física natural, y ambas cosas son la vida de cualquier persona, que en todas las civilizaciones, como en la actual, se ha dado amor, cariño, generosidad, respeto, odio, altruismo, mercantilismo, robos, traiciones, imposiciones, bondad, maldad, esclavitud, libertad….  en fin, todo ello siempre dentro de un entender cultural que organiza todos los sentires en orden a las sensaciones que los generan o desde donde se generan, y, como sucede hoy en día, para gobernar las riquezas materiales en aras a un ideal de individuo, grupo, familia y sociedad.

Desde el inicio de la humanidad hasta ahora, han muerto más personas de las que existen, de algunas se sabe algo y de la mayoría, nada o casi nada, y, cada cual de nosotros conocemos de primera mano a nuestros ancestros conocidos o los conocidos de los que nosotros conocemos y… al menos de ellos si que podemos seguir su legado, es decir, su huella cultural y personal. Podemos concluir sin lugar a dudas que el muerto, muerto queda, por muy momificado que esté, y, lo que perdura es su recuerdo, en forma de legado cultural.

Después de éste esquema de mis pensamientos me surge una duda…

¿Existe ese mundo espiritual que cada cultura protege como valor fundamental de la misma y por la que sus súbditos o ciudadanos o pueblo deben respetar y creer incluso por encima de sus propias vidas?



Que cada cual responda si quiere pero en cuanto a mi respuesta personal, ya, sólo creo en mi… me refiero a que creo que soy el resumen de la humanidad en mi singularidad, y como yo... tú, y que, al menos en mi, lo que más valoro es lo que doy, quizá porque espere recibir, pero, se que si no recibo no me sucede nada, porque me sucede algo cuando no doy, ya que siento la incomodidad de sentirse incompleto, como el que sabe que no ha llegado a hacer lo que necesita para alcanzar ese grado de “mejor posible y que se pueda” que señalé antes.

Comprendo, también, que ésta es mi percepción vital y que habrá otras personas con otras percepciones vitales propias, pero lo que tengo claro es que la vida es un toma y un recibe y sólo hay tres tipos de caracteres personales, los que se sienten bien dando, los que se sienten bien recibiendo y los que se sienten bien intentando ser equilibrados y esto, tal y como pienso hoy, ha sido siempre así.

Metafóricamente hablando, tres son los sustentos mínimos de un plano y me imagino una esfera perfecta sobre él, a modo de pelota de acero sobre una mesa con tres patas ajustables en altura, así que la cultura, según alargue o acorte a cada una de las patas, la esfera tenderá a desplazarse y suponer un sobrepeso sobre las más cortas, que pueden llegar a romperse y desmoronarse todo.

Éste desmoronarse todo, en realidad supone… cambio, pero éste cambio, que vendrá de la mano de cualquier Dios o Demonio disfrazado de necesidad, estará sometido exclusivamente a la explotación oportunista de este principio.

Comprendo que como resumen de vida que soy, soy cultura para los míos y los cercanos a mi, y que en mi está intentar que esa pelota de acero no les aplaste porque después de mi vida seguro que hay otra, pero esa ya no seré yo, sino, quizá, algo de mi transmisión cultural.

domingo, 11 de enero de 2015

Si creo en algo, es en ésto

"A veces pienso que lógica y sentimiento son los dos recursos que tenemos los seres vivos para conseguir la finalidad de cada uno, y lo que importa ni es la razón ni el sentimiento ni las dos, tan sólo esa finalidad a la que hay que llegar para SER, porque si algo nos incomoda mucho es NO SER.

Como es natural, la finalidad manda en razón y sentimiento, y, como somos muchos los seres vivos los que nos repercutimos inevitablemente, me da la impresión de que las finalidades deben ser la misma, solo que cada uno debe conseguirla en sí mismo, y esto, puede conducir a situaciones muy malas.

Bueno, centrándome, creo que ya va siendo hora de que, TODOS, tomemos conciencia de esa finalidad común a los seres vivos, pues es tan importante como para requerir de esas dos poderosísimas herramientas (sentimiento y razón) para que cada ser vivo, desde su fuero interno pueda decir, según su lenguaje interior, SOY y, respetándonos mutuamente en ese afán innato común, se despliegue en nuestras mentes y corazones la alianza entre sentimientos y pensamientos para que TODOS podamos IGUALMENTE SER.

Si este papel se lo dejamos a empresarios, políticos o ideólogos, lo único que conseguiremos es que nos distraigan con cualquier otra necesidad vital y, como un bulto que ahora ponen en un sitio y mañana en otro, seremos tratados, cuando, en realidad somos conscientes de que la persona forma parte de una idea muy superior a semejante manipulación y, la fuerza de esta idea, reside en cada uno, para, desde este concepto de individualidad, juntarse con otras y avanzar en el verdadero camino de la PERSONA."

Si creo en algo, es en ésto.

martes, 30 de diciembre de 2014

BENDITA MODERNIDAD QUE TODO LO ACLARA

Benditos los tiempos cuando la palabra NO era NO y la palabra SÍ significaba haber llegado a todo el mundo y haber superado todas las dificultades. Me refiero a que en la historia de la literatura han habido momentos en los que la facilidad de publicación era casi imposible, y sencillamente de comprender sus motivos. Pero estamos en otro tiempo, como el presente, en el que es sencillo de conseguir publicar por cualquiera, y casi imposible de comprender el poco alcance conseguido.

Hoy, después de los correspondientes batacazos, sabemos que no solo es cuestión de publicar sino de llegar a esos canales de distribución que te permitan entrar en un mundo de reconocimiento más o menos "amplio", y te quedas con la tentación de aceptar que ya no es necesario que sea todo el público en el que pensabas al principio a quien vas dirigido principalmente , en fin, hasta ves como favorable o deseable la posibilidad de que "si te dicen" dónde dirigir tus pasos, podrías conseguir ingresar en "algún" selecto grupo pues, como que así ... y, en fin…

Tan solo habrás tenido que "madurar" y caer en la cuenta de que tus iniciales ilusiones, y poco iluminados pasos, te estaban conduciendo a la idea de que "las cosas son así".

¿Será posible que esta idea sea fija en el mundo y en el transcurso de los tiempos?

Me da la impresión de que sí, el momento histórico te acerca o te aleja según las facilidades con las que cuentan las herramientas necesarias para fijarse en ti, pero esto es porque antes dependías de otros para “ser tú”, o “ser alguien siendo tú como escritor”.

Hay palabras como calidad, oportunidad, comparación, cultura, élite, fama, reconocimiento, plagio, etc., que siempre han causado verdadero revuelo en el mundo del arte en general, y también palabras como subasta, venta, beneficio, rentabilidad, costes, entretenimiento, etc., todas tan frecuentes entre los potentados aburridos o verdaderos amantes del coleccionismo del ego a través del dinero, poder o fama social.

Quizá, desde la primera palabra escrita hasta hoy, aquella que se pueda mostrar y permanecer en el tiempo es la que todo escritor quiere, es como un escultor que intentara hacer una escultura que ante las agresiones de los elementos universales permaneciera más allá de las generaciones venideras, o como el músico que pretende que las notas musicales genialmente mezcladas para formar esa pieza musical sea transmitida más allá del presente, o el pintor con la pintura… en fin, frágil es la palabra pero qué importante es, pues en ella se basa todo arte, y, si uno no se contempla en sus figuraciones imaginativas personales como algo permanente… ¿qué merecería la pena que permaneciera?

Cierto es que la obra que te deja callado, cuando sea de admiración, es la que permanecerá en el subconsciente y aquella que te calla para echar el vómito en la esquina más cercana, también podría ser contemplado aquí, pues ambas tienen el mismo poder, permanecer mediante un shock emocional para agitarte en tus entrañas, lo comprendas o no, lo aceptes o no.

¿Verdad que estas cosas se recuerdan?

Pues nada, que los escritores, nos empeñamos en creer que somos tan geniales y tan "arte" que cuando ponemos los pies en el terreno habitual de la sociedad debemos hacer un acto de humildad y comprender hasta qué punto estamos dispuestos a ceder al favor de nuestro "estrellato", pues uno deja de ser lo que era para entrar en una dimensión dominada por esas empresas que tienen que ganar dinero con cada "objeto = autor" y que, dicho sea de paso, tan legítimo es como negocio, pues lo es para ellos y... las ves como tus deseadas herramientas necesarias.

Fama, gloria, reconocimiento…. todo ello debe de ir sucediéndose poco a poco, de la mano de personas amigas que te introducen en tal o cual ambiente, asociación, revista, libro de varios autores o…, y sería el máximo, si alguna editorial se interesa por ti, arrogante escritor que cuando escribes te crees Dios y te ocultas del mundo.

Lo más habitual es echar mano de las facilidades actuales de autoedición y concursos para "abrirse camino" en este ilusionante mundo de las aspiraciones en el arte, ¿o se debería decir de las económicas conspiraciones contra el arte? La autoedición es el medio más recurrente por el cual el autor se hace a sí mismo ya que "se" lo hace todo, incluso la distribución pues va casa por casa o de amigos en amigos, o en presentaciones de la mano de tal o cual facilidad… la cosa es que esto no genera más que un balance entre ingresos y gastos donde el dinero no es lo único cuantificable, y uno/a se termina por dar cuenta de que hasta que alguna editorial se fije en ti no conseguirás quitarte cierta pesada carga para la que, normalmente, no estás hecho.

Todo este proceso no está de más, pues, cuanto mejor aprendas cómo funciona éste mundo, más preparado estarás para afrontar el camino que has elegido, el de ser autor de escritos, como ESCRITOR, y, si puede ser, "Reconocido".

Inicias, entonces, el camino de las redes sociales, los blogs, las páginas webs, intentas que te saquen en los diarios, las televisiones locales son un buen punto de encuentro, así como las radios de carácter minimalista, que están sedientas de llenar sus espacios con noticias importantes, tanto como la tuya, te abren las puertas, haces entrevistas, te promocionas con su necesidad, algunas fotos que colocar en las redes sociales y el blog…. en fin, incluso, intentas salir de tus límites regionales de alguna manera para ser más conocido y…

Ves tu vida dedicada a ser profesional de tu imagen y tu pasión para ser constantemente RECONOCIDO, y me pregunto, ¿quién dice qué es arte y que no? ¿Quién dice SÍ o NO, hoy?

No nos engañemos, arte somos todos, tenemos todos y todos somos capaces de ser genios pero, para serlo, y más para vivir de ello, te tienen que señalar y eso lo hacen las editoriales, quienes se dejan influenciar por sus tendencias que serán de origen ideológico, político, universitario, económico, social, etc., así que…

Si el tiempo que vivimos nos enseña algo es que arriba está quien está y por méritos propios, lo cual es un reconocimiento a todos sus siempre meritorios esfuerzos, pero los que no estamos arriba tenemos la fuerza mayor, ésta se llama altruismo y nos convierte en el mayor de los contrapoderes del mundo, pues, lo que se da sólo beneficia al que lo recibe, y tu arte tendrá el mejor de los recibimientos, la sonrisa del regalo, que, afín de cuentas, es lo que satisface al ego y nadie te engaña.

Si alguna de las editoriales se diera cuenta, vería que su reinado es endeble, pues, ¡¡ya está bien de engaños al portador del arte!!, que se den cuenta de que sólo buscamos esa sonrisa y un cierto reconocimiento.

Gracias al momento presente, mi actitud actual es la de regalar mi "arte" a quien quiera y me aparto de cualquier iniciativa que pretenda lucrarse conmigo, ya que ellas no son las dueñas del arte.

¿Te atreves?

Nota:

● Un autor, para que su obra esté protegida, sólo precisa de la Inscripción en el RPI (Registro de la Propiedad Intelectual) de cada una de sus obras.
● Un libro sólo necesita de la inscripción en el depósito legal y unas copias que deberás entregar para que sean repartidas a las bibliotecas, nada más, lo demás... no es arte.
● El arte se exhibe en los museos, y los libros en un museo concreto: Las Bibliotecas.

Un saludo.
obdobd@gmail.com




David Botía Ordaz (también utiliza el seudónimo OBD), nacido en Murcia en 1967, inicia su andadura literaria de la mano de la Asociación de Escritores del Casino de Murcia, donde participa activamente en las publicaciones de la misma, promoviéndola por el incipiente y desconocido Internet. Pronto se reúne con personas interesadas en la poesía y crea un grupo representado por la palabra Tertuliemos, del que nacieron dos publicaciones colaborativas y auto-editadas con los títulos Tertuliemos I y Café con Versos - Tertuliemos II.

Posteriormente se involucra en el nacimiento de la Asociación de Escritores de la Región Murciana (AERMU). En la actualidad ha participado en aquellos eventos para los que ha sido solicitado, bien como invitado, bien como presentador.

La bibliografía completa se puede revisar en su página: http://www.obdnet.com/Sobre%20mi

Publicado en: http://notasrevistacultural.blogspot.com.es/2014/12/bendita-modernidad-que-todo-lo-aclara.html

Gracias ROSA CAMPOS GÓMEZ

viernes, 5 de abril de 2013

¿Realidad?



Realidad, puñetera palabra que nos lleva a todos de cabeza.

Quizá sea aquello que suceda en un espacio temporal, y nada más.

Quizá no tenga que ver más que con la posible repercusión entre el entorno y una sola persona.

¿Realidad?, pues todo aquello que repercuta en beneficio o perjuicio propio.

Realidad, es única y como tal será inalcanzable, pues, tantas cosas afectan en cada momento que, ya será bastante con controlar algunos de los factores. Así, la realidad, habrá que contemplarlo como ese conjunto de factores que nos benefician o perjudican, y como tales, algunos, son conseguibles mediante la voluntad y otros, sencillamente, son producto de la sorpresa, en lo que llamamos suerte (buena o mala).

Aire es realidad  comida, palabra, luz, calor, todo es el contexto, lo que nos repercute, y, serán soportados satisfactoriamente si adoptamos algunas medidas para que aquello sea beneficioso.

El aire, se produce a tu alrededor, pero también en tus antípodas, y no puedes decir que tu aire no sea consecuencia de aquel, y viceversa, más bien, porque se da uno también se da el otro, aunque tu solo notas el que choca contigo, quizá puedas resguardarte del tuyo, pero no puedes hacer nada con el otro, ya que no lo sientes, aunque si serás capaz de comunicarle a tu amistad, que se encuentra charlardo contigo por estos medios modernos, sobre qué es lo que puede hacer, como si de ti se tratara, es decir, eres capaz de ponerte en su lugar, aunque nunca fuera a ocurrir, para adoptar medidas beneficiosas, como si fueran para ti.

Entonces, sentir es la realidad y en la medida que tu sentir sea más amplio o menos, mayor o menor es tu realidad.

La palabra, oral o escrita, tienen su repercusión mas allá de las fronteras físicas, gracias a los adelantos tecnológicos, llegan a donde, quizá, nunca puedas llegar físicamente, y también, los receptores de esas palabras sentirán el aire que llevan y, al recibir su mensaje, sentirán. Gracias a ello, la realidad pasa de ser ese espacio físico-temporal de lo inmediatamente repercutible a ese otro espacio físico-temporal ampliado que también repercute en el sentir.

No obstante, quien siente tiende a actuar según ese sentimiento. Si insultas a un transeúnte que pasa a tu lado, éste te mostrará su enojo y, quizá, la cuestión física hará acto de presencia. Si insultas a una persona por teléfono o por Internet, ésta también actuará según ese sentir que le produzca el insulto, quizá al no existir la cercanía física, se produzca una situación de intolerancia hacia esa agresión verbal o textual, pero, en todos los casos, el sentir produce unas acciones.

Estas acciones, son las que consideramos son las correctas, no necesariamente las que sean las mejores por su bondad, sino aquellas que puedan traer como consecuencia algo favorable para uno. En los ejemplos, tanto el que insulta como el insultado, actúan según su propio criterio pero tras esa acción buscan algo para ellos, otra cosa distinta es pensar si el fin justifica los medios, bondades o maldades, casualidades, situaciones fortuitas, etc., eso es otra conversación. Digo lo de insultar porque esto parece que se verá mas claro, pues, no estamos acostumbrados a reaccionar instintivamente ante un abrazo, un beso u otras acciones positivas, pues están demasiado controladas por los prejuicios sociales.

Dicho esto, el sentir genera acciones y las acciones buscan aportaciones a la realidad en relación al beneficio propio, así pues, esa realidad que uno lleva dentro le genera toda una serie de expectativas imaginativas que le hacen desearlas, y este deseo, promueve ese sentir que se “buscará las mañas” para hacer realidad al deseo en alguna medida, aunque siempre se espera sea lo más amplia posible.

Ahora puedo decir que el aire que se produce en tus antípodas genera el aire que te repercute, pues uno es deseo y el otro es la acción proveniente de ello. Y, al revés, tu eres el aire que generará en tus antípodas ciertos efectos.

Estos efectos nos darán información sobre lo cubierto que está ese deseo, y en la medida en la que lo estimemos suficiente, alguna apetencia quedará cubierta, pues si de algún sitio procede este deseo es de la apetencia de que algo, más grande que el propio deseo, se produzca, y el deseo se convierte en una focalización concreta de las posibilidades para darle cumplimiento. Digamos que para satisfacer la apetencia del hambre, uno mira su frigorífico y en relación a lo que hay en él, come, pues más o menos me refiero a esto.

El hambre utiliza al deseo de comer, lo posible (frigorífico), incitando a ciertas sensaciones físicas que generarán sentimientos (ansiedad, intranquilidad, tristeza, etc.) hacia una acción resolutiva tendente a satisfacer a la apetencia llamada hambre, y termina comiendo. Ahora bien, comer es por algo, existe algo antes que comer, y esto es la propia configuración básica de uno mismo, UNO no puede no comer pues si se produce esa sensación es para mantenerle vivo, así que esas apetencias obedecen a algo superior a sí mismas para vivir.

En la relación con el entorno, tenemos (o padecemos) determinados sentimientos ante las acciones que nos repercuten. Actuamos como receptores de esa realidad, que informarán a los deseos y éstos a las apetencias sobre qué hacer en relación a ello para dar una respuesta “beneficiosa” mediante una acción. Es como el hombre que es insultado, sus sentimientos informan a sus deseos de que está siendo agredido y éstos, que están organizados en conjuntos de sentimientos, motivan a la apetencia superior para que aquella agresión responda mediante otro deseo de respuesta que genere el sentimiento beneficioso del momento, y, este busque en su frigorífico para responder con acciones de la mano de ese sentimiento.

Realmente, vivir es lo único que tenemos que hacer, para conseguirlo, existen determinadas apetencias, según los deseos, que puedan tener ciertas expectativas de éxito, el mundo de las sensaciones sensoriales nos generarán unos sentimientos que utilizarán de acciones para conseguir VIVIR.

¿Qué es la realidad?... pues es ésto: VIVIR.

miércoles, 3 de abril de 2013

Tras una festividad popular


Ciertamente, tras una festividad popular de gran seguimiento social, siempre habrán opiniones derivadas de experiencias negativas, bien por haber sido protagonista directo o testigo en primera persona, en la distancia o no, de situaciones tales como borracheras, ciertos desmanes morales, suciedad y ruido por doquier, cuando no por causas más graves como robos, atentados contra la dignidad u orgullo personal, o, accidentes más o menos graves activadoras de las siempre impactantes sirenas de las ambulancias, etc. Todo lo cual genera y provoca la queja airada, en algunos casos, por encontrarse esa normalidad que uno esperaba del día habitual, bastante alterada e incontrolable. 

También es cierto que tienen razón, pues, realmente se crea un desorden de lo habitual tan importante que quien no está integrado en el movimiento se siente atacado por esos “desvaríos” que en nombre de la “fiesta” se permiten y repercuten tanto en la normalidad deseada tanto en lo social como en lo moral.
Tampoco es mirar mal cuando por el suelo aparecen botellas, vasos, papeles, restos de comida, vómitos, algunas prenda complementaria de la ropa que se desprendieron de alguna persona en su caminar por aquellos sitios, algunos carritos de supermercados afanados con cualquier fin, y, ni qué decir tiene el normal volumen sonoro que se ve aumentado por equipos de audio que aprovechan esa ocupación de las calles por la voluntad de pasárselo bien a toda costa irrumpiendo con músicas a alto volumen que tanta atención llama a cualquiera, acompañado, normalmente, de bailes acordes con esos ritmos y actitudes alegres y más desenfadadas, no por ello, hirientes en sí mismas ni irrespetuosas para el día que se festeja.


Pero, tampoco es menos cierto, que entre toda esa muchedumbre que sale a las calles, se encuentran familias, amigos, familiares lejanos, compañeros de trabajo, amigos que no se veían hace tiempo, turistas, vecinos de otros pueblos cercanos y siempre con la mirada puesta en las relaciones humanas. En fin, todo el mundo, o casi, está esperando que se den esas circunstancias transgresoras de la normalidad para activar esas relaciones tan deseadas. Y se van a charlar, a comer, a pasear, en definitiva van a tomar ese “algo” cuyo fin es el de acercar a las personas, y así pasar un “rato” mas o menos largo, bromeando, cantando o bailando si se presenta, disfrutando... , a fin de cuentas, con las personas con las que normalmente no podemos tratarnos con esa actitud mucho menos tensa y agitada por los ritmos normales de la vida cotidiana.


En fin, que cada cual verá la botella medio vacía siempre según sea su necesidad, pues habrá quienes contemplen esos efectos y los verán injustificados y quienes desearían que hubiera más de lo que consideran fue tan positivo, pero, lo que si está claro es que, a la mañana siguiente de esas fiestas, las calles han recobrado esa apariencia de limpieza habitual, aunque los suelos estén algo pegajosos y en el ambiente aún exista un cierto olor a muchedumbre.


Lo que si está claro es que aquello fue extraordinario, que el orden continúa en lo que se esperaba, no sin algún que otro recuerdo de que por allí, una marabunta de deseos de compartir un “rato” de atractiva e inusual alegría transgresora, faltaron contenedores de basura y que las calles no hay quien las limpie con presteza después de “aquello” y que no se podía pasar hacia... porque en el transcurso de ese recorrido pasó.... lo que pasó.
Bueno, termino lanzando la idea de que donde hay fiesta popular, siempre hay desmadre, que uno estará más o menos de acuerdo con ello y que ello nos dará la medida de la implicación de uno mismo con el fin pero, en realidad, no se puede elegir lo que uno sienta en esos días, y según lo que uno sienta, dará una idea de esa integración con esa sociedad que obliga esas fiestas dentro de sus programaciones anuales. Y, por supuesto, siempre, en toda fiesta, suceden muchas más situaciones positivas que negativas, y sólo la sensibilización personal hará que repercutan lo menos posible en todos los sentidos, aunque en este caso, desearía que hubiera mucha mas sensibilización personal hacia lo positivo que hacia lo negativo.