jueves, 21 de febrero de 2019

¿Qué es la vida?


Como seres humanos estamos limitados por la realidad física y nuestra imaginación.

Lo primero nos habla de todo lo que nos une a este mundo natural, es decir, nuestras tendencias, posibilidades, sensaciones, necesidades, sentimientos, pensamientos, relaciones, límites, etc. Lo segundo nos transporta fuera de esas cadenas, pero la realidad es que, somos una dualidad entre lo físico y lo intelectual, entre las dependencias naturales y la ilimitada imaginación.

Nuestro físico, básicamente nos dice que por mucha imaginación que tengamos, o comemos y bebemos con cierta regularidad o nos morimos, sin embargo la imaginación no necesita nada de eso, porque se nutre de ideas que beben de la inmortalidad, cobrando vida en el mundo eléctrico del sistema nervioso.

La humanidad ha llegado a un acuerdo por el que vida es conceptualizado en dos sentidos, por un lado biológicamente, que “implica las capacidades de nacer, crecer, metabolizar, responder a estímulos externos, reproducirse y morir”, y, por otro lado más intelectual, según los diccionarios, entre sus muchas acepciones, es, “Fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee”, o, “Tiempo que transcurre desde el nacimiento de un ser hasta su muerte o hasta el presente”, o, “Duración de una cosa”, o, “Animación, vitalidad de una persona o de una cosa, etc.”

En fin, tienen de común ambos, que vida es aquello que le sucede a algo compuesto por materia entre su nacimiento y su muerte, entendido este tiempo como la actividad de la que es protagonista entre su aparecer como tal y hasta llegar a su desaparición.

Aunque biológicamente se está abriendo la posibilidad de comprender este término desde fuera de lo orgánico, cuesta mucho que la ciencia asigne este término a lo que desde su óptica no lo sea.

No obstante, ya se reconoce científicamente que, en el medio natural, hay seres que no se comportan como los habituales y cumplen con los requisitos de vida, pero ya desde fuera de lo comunmente aceptado.

Así pues, el mundo científico ya ha abierto los ojos, o al menos está dispuesto, a la generalización de ese concepto, de manera que lo asigna a los procesos que se producen entre la aparición y desaparición en relación con el medio en el que se encuentran, y con el que se repercuten mutuamente, pero ha de existir una intencionalidad de vivir.

Si esto es cierto, entonces el concepto vida es mucho más de lo que hasta ahora era, y se convierte en algo que cualquier cosa puede tener, puesto que cualquier cosa existe en un segmento entre su inicio y su fin, y ahí es donde produce toda una serie de sucesos que le otorgan su notoriedad, tanto para sí mismo como para el ambiente en el que esté, y ello siempre en relación con las repercusiones posibles; éstas pueden ser de tres formas, bien generando desplazamientos de la o las cosa implicadas, o generar consecuencias de que aparezca alguna cosa que antes no estaba o desaparezca alguna cosa de las implicadas, o por último, generar cambios adaptativos de la cosa o cosas implicadas. Todo ello no puede ser de no estar implícita una intencionalidad que condiciona la existencia.

Básicamente, toda la materia está incluida en este concepto más amplio, a priori demasiado obvio, pero, más justo, porque pone el acento en lo que sucede, en el por qué sucede y entre quien sucede.

No podemos negar que cualquier materia es el sujeto de cuanto sucede a su alrededor, desde su aparición, repercute directamente para que se produzcan infinidad de reacciones materiales a su alcance, hasta su desaparición, e incluso, por aquello del efecto mariposa de la teoría del caos, puede tener una repercusión a mucha distancia de sí mismo sólo por las consecuencias en cadena imprevisibles. Así que habrá toda una serie de protagonismos entre sus actores que desencadenará una cascada de esfuerzos en busca de equilibrios, cuyo alcance no se puede controlar, y conducirán a una realidad resultante, que será, a su vez, el escenario para cualquier situación.

Ésto nos habla de que la diferencia entre las materias coincidentes, en el tiempo y en el espacio, establecen sus equilibrios en el mismo plano, de tú a tú, dándose entre ellos una interacción de recíproca búsqueda de equilibrio que les permitan continuar.

Este continuar, es un requisito existencial al que destinan todos sus recursos durante todo su tiempo, repercutiendo inevitablemente con todo lo que se encuentre.

Continuar es adquirir lo que necesitan del entorno, ello establecerá un equilibrio entre protagonistas, ello, cumplirá con las dependencias naturales a las que estén sometidos, y, ello, tenderá a establecer una nueva situación concreta común.

Esta situación, está definida por el equilibrio establecido, de suerte que el posicionamiento de un elemento sobre otro contendrá a las materias en un estado resultante.

Así pues, a todo este conjunto de interacciones y equilibrios y posicionamientos, que es común a toda la materia, se le puede llamar vida, ya que ello genera intencionadamente la situación presente.

Qué duda cabe que si pensamos como humanos, creemos que un átomo no tiene vida porque no siente, no se reproduce ni tiene metabolismo alguno, pero cumple, a su nivel, las mismas etapas

A modo de ejemplo, un átomo es una combinación material muy compleja, compuesta por los electrones que orbitan alrededor de su núcleo, éste está compuesto por otras partículas que a su vez están formadas por otras…. pero entre cada una de ellas hay una situación de equilibrio que crea el presente, el átomo que tiene entidad propia, repercute en el ambiente en el que se encuentra y crea una situación concreta.

Es necesario abrir la mente a ese concepto de vida más obvio, pues sólo así comprenderemos que vida no puede tenerla, un animal o una planta, si antes no le deviene de lo más íntimo de sí mismo, sus elementos que lo conforman y máxime cuando vemos que ese animal o planta, no hace más que repetir las cadencias naturales más básicas, sólo que llevado a su circunstancia existencial en la que tiene que llevar a cabo ese “continuar”.

Así que, ese ser vivo, en su concreción, está sometido a sus necesidades que suple mediante sus sentidos y lo que ellos transmiten (o sus sentires), le hacen reaccionar para cumplir con sus tendencias. Todas ellas están encaminadas a continuar.

Para finalizar, la imaginación que tenemos algunos seres vivos, quizá no sea otra cosa que una apuesta por continuar, es decir, una herramienta para adelantarse a la materialidad en posibilidades de continuar. Por ésto, imaginar es tan grato, porque no supone ningún riesgo, pero nos pone en situación de lo que podría producirse.

Imaginar es adquirir motivación para hacer, y ese hacer es materializar una forma de continuar.

domingo, 10 de febrero de 2019

La muerte



Por mucho que queramos darle un significado trascendental a la vida, sólo hay una cosa segura, y es que todos vamos a morir, y eso es completamente cierto.

El progreso ayuda a que aumente la esperanza de vida, de eso tampoco cabe la menor duda, desde el descubrimiento de la higiene personal, la medicina, la cocina, la aplicación de los descubrimientos y avances de la ciencia al bienestar social y personal, entre muchas más cosas relevantes, ha hecho que se prolongue la vida inevitablemente, incluso en casos necesarios, se la obliga forzándola a responder artificialmente, durante el tiempo que sea preciso.

Podemos decir, también con absoluta seguridad, que hemos superado a la muerte con casi cada aplicación que llevamos a la práctica de todo ello, pues, sin duda, ¿a cuántos no nos habrá prolongado la vida ya, todo ello?. Pero también con la prevención, que no es otra cosa que la anticipación intelectual ante el riesgo, y la observancia de éstos conocimientos llevados a nivel personal.

A lo que verdaderamente se ha llegado, es a la absoluta certidumbre de que el cuerpo físico es una máquina orgánica producto de la evolución adaptativa, en el que se dan, en perfecta coordinación, infinidad de procesos y mecanismos con cuya armonía dinámica, se produce eso que llamamos vida.

La corporalidad de un ser vivo es eso, todo un conjunto de mecanismos dependientes, y otros pseudo-independientes, en perfecta conjunción que en su funcionamiento le otorga un comportamiento concreto.

En todos los seres vivos observamos que se produce de manera automática el proceso causa-efecto-reacción, es decir, que unas causas generan unos efectos, los cuales desencadenan una reacción, dicha reacción siempre estará en consonancia a lo que suponga ese cambio en él. Podemos afirmar, que se va a producir una reacción ante un cambio en su estado vital, que actuará como una condicionalidad. Es decir, si hay cambio, me produce un efecto y reacciono.

Dicha condicionalidad, es la que busca que se produzca cierto resultado esperado, aporta alguna corrección hacia una respuesta vital concreta, por lo que se comporta, en realidad, como intencionalidad, pues la causa de dicha condicionalidad es la superación de la misma, y ésto es en sí mismo, una intención. Es decir, estoy bien, y si algo me repercute, intentaré volver a estar bien.

Ésta intención propicia determinadas reacciones tendentes a superar sus causas, y todo ello lo hace intentando conseguir, que se de, una situación concreta para su vida, que es común a todos, y no es otra que la de estar bien, lo cual es su motivación inicial y motivación final.

Ese, “estar bien”, es un estado al que se llega cuando no tiene necesidades, y se suma a la circunstancia sin reacción frente a ella, es decir, no tiene que enfrentarse a la situación para superarla, porque el balance entre desgaste y aportación energético está equilibrado.

Ésto es así, por ejemplo, cuando no hay depredadores que le hagan reaccionar, o cuando descansa relajadamente, o cuando supera sin mayores desgastes sus necesidades, etc. Es decir, nada le hace reaccionar, sino que se dedica a hacer su vida cumpliendo con ella sin mayor resistencia de la aprendida habitual. Hay otros mecanismos involuntarios como lo son los movimientos internos de los órganos, la respiración, el corazón, el pensamiento mismo, etc., que se producen de forma autónoma y automática sin intervención de la voluntad, sin querer consciente.

Cuando ello no sucede, la búsqueda es voluntaria, es decir, se precisa querer para acometer la necesidad de volver a estar bien.

En realidad, los seres vivos somos máquinas formadas por muchas otras, de las cuales, las más importantes no se someten a nuestro control, y sin embargo, tenemos la impresión de que somos nosotros los que hacemos que ellas funcionen, como si tuviéramos el control de nuestras vidas.

Ésto es así porque el cuerpo es un envoltorio de sentidos orientado a hacer que el ser funcione, dicho envoltorio es el que procurará los cuidados necesarios para que toda esa interioridad mecánica y automática siga funcionando a un nivel óptimo, porque hagamos lo que hagamos, o atendemos a nuestras necesidades básicas o morimos.

Llegados a este punto, morir físicamente es llegar al fallo en la coordinación de esos mecanismos interdependientes, pues cuando se generaliza, se produce el fallecimiento.

El ser vivo, actúa para vivir, hará lo que sabe hacer, voluntaria o instintivamente, porque siempre estará motivado para superar sus necesidades, y lo hace para conseguir no sentirlas.

Podemos ahora asignarle al ser vivo, una intención objetiva que dirige su ímpetu vital, aunque quizá él nada de ésto sabe, y ni le sirva de nada saberlo.

En esta asignación, comprendemos que lo automático está supeditado a una corporalidad, que es quien tiene que cumplir con las tareas necesarias para que siga funcionando, así que, es la corporalidad quien hará lo que tenga que hacer para funcionar, lo cual es la verdadera intención de su vida.

Visto así, morir es llegar a un punto en el que la corporalidad ya no es capaz de hacer que su interioridad funcione correctamente, y se generan una cadena de fallos que conducen a ello.

Por otro lado, hay otro morir, y ese es el no físico, aparentemente más trascendente que está asociado a sentimientos y expectativas, a rutinas y a acompañamientos, a pensamientos y dependencias, en definitiva, a contar con alguien en tu vivir.

No hay ser vivo que no se relacione con otros, de su misma especie o de otras, y se producirán interacciones inevitables e infinidad de repercusiones. En estos encuentros, las corporalidades, en su funcionamiento, valoran la situación y actúan bajo el principio que les controla, el de causa-efecto-reaccion.

Esta valoración actúa desde el principio de la condicionalidad, cuyo fin es la intención de “estar bien”, pero esa relación se da entre sentidos e intelecto, sin contacto físico, en lo que podemos denominar pensamiento. En él aparecen las causas, que es la información captada por sus sentidos, ésta es transmitida por sus propios mecanismos a su centro de proceso particular, desde donde buscará en su bagaje de conocimientos la solución de en qué le puede repercutir, y tras ello se producirá la reacción.

Ésto es el proceso básico de cualquier pensamiento, cuya función es la de solucionar problemas que se presentan en el devenir, generando conceptos, es decir, relacionar causas con reacciones según sea el efecto consabido.

Así pues, de producirse esa interacción, habrá acercamientos, tras los cuales, y tras sus consecuentes reacciones, se irá generando una idea conceptual entre las corporalidades que quedará almacenada de alguna forma que pueda ser utilizado, y ésto es la memoria, así que en las siguientes ocasiones, todo este laborioso y cauteloso proceso de conocer esa relación, ya no se tenga que volver a producir, y aquello en lo que se concluya se convierte en el siguiente punto de partida, el concepto.

En esa memoria conceptual, quedan relacionadas las causas con sus efectos, ésto es procesado por su intencionalidad y generará la reacción, desde entonces, la aparición de esa causa conlleva directamente la reacción, así que ésta es quien vehicula su intención, obedeciendo a dotar a su interioridad de lo necesario para que todo funcione.

Es, a nivel de ejemplo, cuando aprendemos a hacer algo, al principio tenemos que someternos a su proceso, pero una vez conseguido, eso es asignado a la necesidad que lo generó, y entonces, prescinde de todos los pasos intermedios hasta llegar a la reacción, lo cual beneficia a todo ese mundo que la corporalidad da cobijo y sustento.

Todo ello también puede verse como un conjunto de mecanismos, pero esta vez son intelectuales, que le ahorra al cuerpo desgaste energético, pues, con este aprendizaje sólo se enfrenta una vez (o unas pocas veces) a ello. Se convierte este mecanismo en una forma inmediata de valoración, y como tal, la primera en llevar a cabo, por lo que depende de ese conocimiento para cumplir con su intencionalidad.

Las reacciones se convierten, entonces, en dependencias y la corporalidad lo demuestra con un comportamiento que conceptualiza el aprendizaje.

Estas conceptualizaciones serán de diversa índole y generan actitudes corporales, por las cuales será reconocido por los presentes, y ello anunciará su aptitud en la consecución de esa intencionalidad interior.

Precisamente por eso, los seres, desde el alcance de sus sentidos físicos y conceptuales, se capacitan para vivir y dejan una repercusión en el ambiente, porque todos exteriorizan sus intenciones que obedecen siempre a la misma, la de estar bien, para lo cual hará lo que tenga que hacer.

En estas intenciones, ya reconocidas por los seres con los que interaccione, crean dependencias conceptuales y cada ser representará ser algo según su punto existencial, así que no sólo la presa huirá del depredador, o el depredador ataca a la presa, que son las consecuencias inevitables de sus puntos existenciales, sino que también se darán dependencias de diferente ámbito como el amistoso, el colaborador, el amoroso, etc., comportamientos todos que tienden a conceptos de seguridad, alimentación, afecto, reproducción, etc., incluso entre especies distintas.

Como se ve, las relaciones generan dependencias inevitablemente, y según sean éstas, la desaparición de un ser puede generar un desequilibrio en otros seres, pues lo que adquirían ya no se da, y deja de ser ese factor de intencionalidad automática, lo cual desestabiliza la situación y generará otro aprendizaje, también inevitablemente, que supla la pérdida, porque no pueden dejar de buscar su “estar bien”.

Así que esa otra muerte, representará algo en esta dirección para los seres con los que se establecieran dependencias, y ante su ocaso, generará la inevitable reacción que podrá ser de desamparo, desasosiego, tristeza, etc.

Para finalizar, la muerte es por un lado ese desequilibrio interior físico irresoluble, y por otro, es la anulación de reacciones cognitivas, lo cual, al darse al mismo tiempo genera el significado que en cada cual le produzca, cuya repercusión será tan particular como signifique ese concepto para él, pero, lo que es seguro, es que para aquellos con los que existieran lazos de dependencia a cualquier nivel, será dura la situación, porque supone la finalización física y cognitiva, porque lo trascendental de la situación es el nuevo aprendizaje que implica la nueva situación, y siempre será para volver a estar bien.

martes, 22 de enero de 2019

Reflexión sobre la cultura


Somos seres naturales cuya función en la vida es sentirse bien, y disponemos de recursos para conseguirlo, pues, hasta llegamos a convertir las incómodas sensaciones de la vida en satisfacción con tan sólo cambiar la perspectiva, aunque claro está, tras afrontarla de alguna manera.

Tal es así que cualquier dolor, incomodidad, contratiempo, etc., a nivel físico o emocional, es para nosotros un problema cuya solución intentaremos sea lo más satisfactoria posible, pero de no conseguirlo actuará nuestra capacidad de adaptación, gracias a la cual sacaremos algo de beneficio, y tras ello, la dosis de satisfacción que nos demandará nuestra necesidad de “sentirnos bien”.

Aunque cada cual sobrelleva su propio contexto, es cierto que en todos se sonríe, se sienten placeres y dolores, existe la necesidad de resarcir las necesidades fisiológicas y emocionales, etc., es así, no solo porque todos seamos iguales, sino que cada cual lo afronta de una forma particular porque actúa la perspectiva personal.

Cierto es que, aunque no necesitamos a nadie para aprender de la vida, la sociedad en la que vivimos nos inculca formas y maneras de conseguirlo, tal es así, que uno es en gran medida ese aprendizaje, e incluso, piensa y siente en relación a esos valores, resultando muy complicado ser distinto, y sólo se pueden aceptar otros planteamientos más que a través de la diferencia cultural.

Dicha sociedad nos influencia en aras a una uniformidad, lo cual nos hace ser en gran medida lo que somos y quienes somos, pero también que las cosas sean lo que son y como son.

En un viaje individual hacia el conocimiento, que antes o después nos sucede a todos, puede surgir que te cuestiones los valores adquiridos y te genere actitudes sociales, si llegas a suponer una amenaza al sistema implantado, bien por novedad bien por atentar contra él, quizá tengas que dar explicaciones de tus pensamientos y tendrán que superar pruebas de veracidad y utilidad que le den validez, es decir, dilucidar la lógica que hay tras ello, una vez juzgado serás adoptado por válido si aportas algo a esa cultura o rechazado por no útil porque ser, al menos, irrealizable tu planteamiento.

La sociedad establecida así se convierte en una manera de vivir y entender la vida, y de todas esas imposiciones y limitaciones, se llega a una resultante de comportamientos que da lugar a un saber especial rico en detalles a los que podemos identificar como cultura.

Bueno, pues, tan así es la cultura, que, puedo afirmar que sirve de memoria ante la vida, digamos que se ha llegado a ese resultado tras procesos de veracidad y utilidad en infinidad de aspectos, con lo que se obtiene ese equilibrio en el que se encuentra la situación y tú dentro de ella.

La situación es, que es la cultura la que fija la manera de cómo sentirse bien, pero en vez de estar planteándose el tema a cada paso, ahora, para conseguirlo, sólo tienes que seguir a la cultura, es decir, aceptar sus dogmas, realizar sus obligaciones y convertirte en un seguidor de la misma, sin condiciones.

Afortunadamente, las culturas evolucionan con el paso del tiempo, y siempre de la mano de la superación de las necesidades, ya que son ellas los problemas que obligan a encontrar soluciones grupales, pues de no poder superarlas, la cultura tiende a desvanecerse desapareciendo desde su base, los seguidores, ya que son éstos quienes la mantiene viva con su seguimiento.

Cuando ésta ya no supone una garantía de sentirse bien, es cuando los individuos van buscando lejos de ella, y al encontrar una esperanza, o una realidad mejor, allí se asientan, llevando consigo su conocimiento cultural, e incluso, aportarán algo más de su propia experiencia reciente, siendo el germen de una nueva cultura, o, simplemente una evolución de ella.

Tal y como se ve, las culturas no son una solución definitiva para nadie, sino más bien representan una concreción para manejar multitud de intereses personales, con el fin de conseguir un beneficio común. Es por ello, que los individuos pierden conexión con su naturaleza, y se adhieren a las imposiciones y obligaciones culturales, con tal intensidad, que se entienden a sí mismos en relación a lo que la cultura los identifique, pues es ella quien más daño les puede hacer y con ella como mejor se pueden sentir.

Ciertamente, la cultura es el contexto inevitable en el que uno aparece en la vida, y tras ello, es el caldo de cultivo para tu crecimiento personal, y uno aprende a ser,“ello”, primero desde la familia, después el grupo y posteriormente la sociedad.

Sin entrar en comparar culturas, todas son modos de gestionar recursos a los que los individuos puedan acceder, desde la organización más básica hasta la más compleja, imponiendo a sus integrantes unos valores a seguir para unos fines alcanzar, siendo en ese contexto donde uno puede encontrar su sentirse bien, ya que fuera de ello, lo obtenido es el rechazo de su grupo y castigado con severidad suficiente como para disuadir voluntades que atentaren contra ese orden.

Así pues, la cultura, también es una legisladora, encargada de tipificar las acciones que puedan atentar contra su concepción, y condenará en consonancia al daño que puedan producir.

Por último, la cultura es la ejecutora de su orden, pues nada fuera de sí misma tiene sentido para los integrantes de ella, y así se hace sentir.

Hace ya muchos siglos que surgió la Ley humana como símbolo de cultura común, legislando de acuerdo a unos criterios igualitarios a todas las personas que las englobe.

Ello ha ido evolucionando para ir incluyendo facetas culturales locales, científicas, etc. En realidad, no para de adaptarse al momento histórico con la promulgación de leyes cuyo fin es la de ir afinando el intrincado saber del derecho, pretendiendo asegurar bases de justicia a sus ciudadanos, incluso entre las otras culturas sociales o locales, pues pueden someterse a ella porque se les reconoce acotadas a sus afinidades, así que siempre están a un nivel inferior de la verdadera cultura que rige a todos los individuos, es decir, las leyes emanadas del derecho.

Ésto hace que bajo el orden jurídico existente puedan coexistir infinidad de culturas, y subculturas, en las que las personas se reúnan de acuerdo a determinados fines, o afinidades, sin necesidad de la imposición de una uniformidad total de pensamiento autoritario.

Ciertamente, hay culturas establecidas cuyas leyes emanan de sí mismas, como lo son las religiones y las ideologías, entonces no existe el derecho como tal, sino la promulgación de leyes espirituales o ideológicas que ordenen toda relación de las personas, donde lo que prima es la uniformidad de criterios y rechaza la diversidad de acciones y pensamientos por atentar contra la estabilidad de su propio orden.

Ahora, puedo enlazar con el principio del artículo, y comprender que la persona, en cualquier cultura de la que se hable, se siente influenciada por ella, así que cada cual actuará de acuerdo y siempre con una mirada hacia lo elevado de lo conseguible, es decir, aunar el interés personal con el orden establecido.

En cualquier cultura o subcultura, los comportamientos son muy similares conceptualmente, y las motivaciones y actitudes de sus seguidores también, lo único que los diferencia es el alcance al que son capaces de llegar, pero los seguidores encuentra su bien estar.

En cualquier caso, ese bienestar se consigue tras adquirir habilidad en su aprender a estar bien con esa implícita imposición real, y la cultura consigue implantar un determinado comportamiento mediante la persuasión tanto en el pensamiento y como en el sentimiento, pues a aquellos que no son sumisos o, como mínimo, obedientes a las normas, les quedará constancia lo que pueden sufrir de no acatarlo.

Ésta sugestión es fundamental, pues sin ella, nadie obedece de manera duradera, ya que cuando se deje de actuar acabará la comunión con la idea, y, con ello, la idea misma.

Llegados a este punto, concluyo que, cualquier cultura se entiende desde la imposición y atenta contra la libertad individual, se produce en aras a la relación para conseguir finalidades para una colectividad, lo cual no siempre será apetecible por la individualidad, y es por ello que la cultura se convierte en legisladora y ejecutora para conseguir su orden, ésto implica la alienación de sus individuos ya que da una orientación muy  concreta a la libertad individual.

Nunca será reconocida dicha alienación desde la propia mentalidad, sino que es promulgada como mentalidad necesaria para ese orden común, y sus integrantes encontrarán en ello su libertad, entonces conceptos como la dignidad, la justicia, jerarquía social, etc., girarán a su alrededor y el convencimiento mayor de cada indivíduo devendrá, por un lado intentando obtener el beneficio posible y por otro intentando evitar el perjuicio probable y, en ese equilibrio… somos cultura.

Existe una tercera concepción de cultura, cuando se transmite el saber individual mediante algún medio constatable y duradero al resto de personas, bien para beneficio social o cuestionando algún aspecto de la realidad, cuya pretensión es avisar de la necesidad de cambio hacia aquello que desde la culturalidad no puede ser aplicado, pero la verdad que lleva implícita es de tal envergadura, que se vale de quien así mismo se hace permeable a ella y, a su vez es su transmisor, con los medios y capacidades de que disponga.

Por lo general, ésto es una faceta importante, pues son los llamados artistas, creativos, pensadores, inventores, profetas, iluminados, etc… en definitiva, personas inquietas, prácticas o adelantadas a su tiempo que en todas las culturas existen y tienen una repercusión profunda en la generalidad, que siempre suscitarán asombro a la colectividad pues aportan algún tipo de novedad que incidirá en su cómoda, aunque quizá inevitable, sumisión, por la presumida verdad de la que son portadores.

Sea como fuere, tenemos que alienarnos en alguna dirección, por imposición cultural, y en ello realizar nuestra vida, es decir: alimentarnos, relacionarnos y reproducirnos hasta llegar a la muerte, intentando transmitir nuestro granito de saber a quienes lo puedan aprovechar, todo ello en esa particularísima manera de conseguir el equilibrio entre el beneficio posible y el perjuicio probable cumpliendo con nuestra máxima vital de avanzar bajo la premisa de sentirse bien...

Eso, es la cultura, el saber social impuesto que te dice lo que tienes que hacer, cuándo y cómo y pagarás un precio por ello, amoldar tu libertad a ello, porque así serás alguien en esa sociedad y no un renegado social.

Aunque cueste entenderlo, es por esto que las culturas son tan variadas como llamativas, e incluso opuestas unas a otras, y, sin embargo, funcionan o han funcionado, desde las más humanitarias a las más crueles, y unas vistas desde otras, serán, cuando menos, extrañas y discutibles.

Tan sólo habrán conexiones entre ellas en el intercambio de intereses primarios, de éstos se favorecerán intercambios sociales, y serán inevitables los intercambios personales, así que de esas experiencias comunes devendrán inevitables intercambios culturales y facilitará la evolución cultural forzada que intentará acoger ambas concepciones en un nuevo orden cultural.

Éste nuevo orden es en el que aparecerá el individuo tras su nacimiento y en el que se empleará a fondo para sentirse bien hasta su muerte.

viernes, 18 de enero de 2019

Preguntas vitales




De dónde venimos y a dónde vamos, son preguntas importantes que antes o después todos nos terminamos haciendo.

Normalmente, surgen a unas edades en las que las persona somos permeables a las dudas existenciales, por lo general, aparece a los pocos años de edad hasta, quizá, la veintena. Después, nuestro ser se llena de ocupaciones, distracciones y preocupaciones, tales que sus dudas se encaminadas a responder ese tipo de cuestiones prácticas como el amor, el trabajo, la soledad, el ocio consciente o la enfermedad o las limitaciones …

Por lo general, al menos, una vez más en nuestra vida nos lo volveremos a plantear en serio, quizá asociado a alguna crisis existencial habitual, normalmente asociada a achaques de la edad, como la merma de potencialidad, aburrimiento existencial o transformación de la mentalidad.

Bueno, la cuestión es que necesitamos responderlas para ser nosotros mismos, pues, según sean ellas, así seremos. Veamos, si crees que vienes de reencarnación, vas hacia otro paso en ese sentido, si crees que hay un dios que te creó, tu vida la desenvuelves en esa dirección, si crees que eres un ser como otro cualquiera, tus planteamientos se dirigen a resarcir tus necesidades vitales para salir al paso de la vida.

En fin, que cada cual se responde a sí mismo en esas preguntas primero con lo adherido, pero puedes cambiar de respuesta cuando encuentras tu propia respuesta, es decir, cuando ese aprendizaje que lleva a tus espaldas no te satisface y tu inconformismo te mueve a responderte.

Sea como sea, aquí está mi respuesta personal, a la que he llegado después de mi experiencia vital, aunque con este paso no la doy por terminada, pero me afianzado con en este acto.

No me creas o no me escuches, pero respétame … cada cual que haga lo que quiera, yo solo respondo a mi necesidad.

No pretendo discutir ni sentar cátedra, sólo exponer mis planteamientos para que me sirvan en mi avance personal. Si a ti te sirve, me alegraré mucho de saber de nuestra afinidad.
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De dónde venimos y hacia dónde vamos, lo voy a enfocar desde el punto de vista vital.

Partimos de un nacimiento y llegaremos a un fallecimiento, entre medio se desarrolla toda una vida cuyos condicionantes son tres, nutrirse, comunicarse y reproducirse, pero realmente todo se hace para una cosa, transmitirse, es decir, lo que tú eres capaz de aportar que pueda servir en la realidad contextual, en principio sólo a ti, pero otros también aprenderán algo de la experiencia que coincida contextualmente contigo.

Ese servir, no es ser bueno o malo, es que, indefectiblemente, aportamos algo que haga seguir viviendo, bien sea que superar las dificultades te beneficia en la vida también beneficiarte sin esfuerzo de lo que sucede lo consigue. La cuestión es vivir, es decir; aprender a vivir y, lo quieras o no, transmitir tu saber a otros con los que estás repercutido recíprocamente, tras ello, quedará una evidencia de ese avance que cada cual supone en los otros, y a ésto le llamamos conocimiento.

El ser vivo, precisa seguir viviendo, lo cual consigue con sus funciones vitales, y ésto es simplemente por su origen, un ser vivo hace lo que hacen los seres vivos y entre ello está su necesidad de reproducción, proceso por el cual añade a su descendencia parte de si, su dotación vital para seguir viviendo.

En realidad, cualquier ser vivo se dedica a dos tareas en su vida, por un lado a resarcir sus necesidades vitales y por otro, acumular algo de conocimiento para transmitirlo al siguiente paso evolutivo, cosa que consigue mediante la reproducción.

Puede verse la reproducción como una forma natural de mejorarte a tí mismo mediante ese afianzamiento de conocimiento que te hace estar mejor adaptado a las condiciones ambientales, pero, sin ser tú, es como si te transformaras en otro ser que será en un elevado porcentaje tú más una pequeña dosis de conocimiento evolutivo. En nuestro caso humano, de cruces y cruces, la evolución se acelera y se distancia mucho de su origen, pero, es así que el ser vive para transformarse en algo mejor, y lo que importa no es quién es él, sino lo que consigue para que ese paso evolutivo pueda aportar algo a la especie.

Hay seres vivos que se reproducen como clones y otros que precisan de gametos para producir otro ser similar, en ambos casos, lo que persiguen es seguir viviendo, los primeros, tal cual, y los otros mediante el aporte de informaciones generadoras de un sólo ser resultante del cruce genético. En realidad cada ser es en sí un conocimiento en busca de conocimiento que le permita continuar.

Así pues, la reproducción es el garante del futuro en cualquier caso, pues cada ser es una apuesta entre lo que le viene dado y lo que dejará. Hay que tener en cuenta que la multiplicidad de seres afines también es un garante de continuidad, pues, así, el fracaso de unos cuantos no implica la desaparición de esa forma de ser. Ésto no quita que cada ser afronte su vida como la más importante, es la única a la que hay que servir, incluso la comprenden como la única en el ambiente que se vale de ello para ser ella misma, y, así debe ser porque cada uno es LA APUESTA DE FUTURO por sí misma para sí mismo.

Como experimentamos, entre los mismos seres existe una dependencia que les ayuda a vivir, pues las relaciones entre algunos es de mutua dependencia, al tratarse de alimentación o de seguridad o reproducción, etc. Realmente no hay ser totalmente independiente del resto ya que al menos, existirá otro del que se vale, y, éste de él a su vez, para vivir, generándose así entre ambos, un equilibrio natural. Tal es así como la hierba con los rumiantes, o los frugívoros, o los depredadores con sus víctimas, etc. unos de otros se valen por multitud de aptitudes y consiguen capacidades que les permiten estar mejor adaptados.

No podemos olvidarnos del orden que dentro de un mismo tipo de ser se produce, es una simbiosis vital donde unas partes se valen de otras en coordinación necesaria y mutuamente beneficiosa para vivir, sucede lo mismo que hasta aquí he descrito, y es un ejemplo completo de todo el sistema, así es como funciona todo, y eso es lo que somos, es nuestro origen y así es como funciona todo, cada ambiente con sus particularidades pero básicamente así es.

De esta manera respondo a las preguntas de quién soy y de dónde vengo y por muy inteligente que me crea, o suponga sea por mi origen humano en cuanto a su importancia, vengo del paso anterior para producir un paso posterior, y todo lo que consiga conocer será aquello que aporte a ese paso siguiente, el cual, se reconozca o no, estará siempre para ayudar a vivir cuando yo ya no esté.

Esto enlaza con la siguiente pregunta, a dónde voy, pues casi que se responde sóla ya que en esta línea de pensamiento no hay nada más importante que lo que transmites y no tanto quien lo hace, aunque resulte algo reconfortante para nuestra vanidad personal, pero no sirve para nada centrarse en ser reconocido cuando lo importante es lo que le sirva a otro ser del conocimiento que transmites.

Hay que ver, en principio simbólicamente, la reproducción como el acto entre los seres cuyo resultado es un conocimiento, pues éste siempre será útil de una u otra manera. Esa relación, incluso entre las partes de un mismo ser, arroja un resultado cuyo fin es la utilidad vital, otra cosa es que sea aprovechable, pero siempre arroja una solución que de poder realizarse, aporta tiempo a la vida, aunque el ser salga lesionado, lo importante es seguir.

Esta radical importancia que tiene “seguir”, viene impuesta por ese equilibrio interno, hay toda una serie de sustancias hormonales que dirigen el pensamiento, incluso alienándose en una única dirección, incluso ilógicamente, pero en los seres no vivos, esas fuerzas que los conforman actúan como lo mismo, es decir, sus dependencias innatas vitales.

Dichas dependencias, en los seres vivos, están comandadas por sustancias químicas y bioquímicas que dirigen al ser en su sentir y pensar, haciéndoles comprender el peso que cualquier situación le supone y que le representa, así que en una gran medida, somos confrontación de sustancias en busca de algo mejor, un mejor vivir.

Es curioso que no hace falta estar vivo para tener cohesión vital, pues la relación interna del átomo es la base de sí mismo, pero algo similar sucede con los seres vivos y sus fuerzas internas, por lo que concluyo que la dirección a la que vamos es la que produzca cohesión, pues, de lo contrario, esa apuesta que representamos no permanecerá en el futuro. Lo cual no es nada malo, tan sólo que la vida continuará y seremos lo que hayamos representado en nuestro momento para el paso siguiente.

La pregunta ¿Quién soy? a nivel metafísico, para mi, sólo tiene una respuesta, y es que eres un elemento de la naturaleza destinado a vivir un tiempo y a aportar algo a la naturaleza, para que ella siga viviendo.

Comprendo que es la naturaleza quien nos crea como elemento suyo para que ella siga siendo, pero, no importa que desaparezcamos pues en el mismo momento de nuestra primera repercusión natural, ya entramos en esa dinámica que la hace ser…

Considero que todo el “Tinglado social” que hemos creado es por pura dinámica natural y tiende a beneficiar a la naturaleza, pues si hay algo común en toda la historia conocida es que todo sigue su curso natural, aunque los gobiernos parecen haberse dado cuenta que sus cómodos sillones pueden empezar a incomodarles cuando la naturaleza sacuda con fuerza, bien con el cambio climático, bien con tormentas solares, volcanes, maremotos, etc…

No obstante, lo importante es tener claro quién eres y saber que cumples tu función vital, que es la de transmitir algo que beneficie a la vida, pues así la naturaleza te hará saber que lo haces bien o que, al menos estás en el buen camino, pues cuando no es así aparece la barbarie, la aniquilación, cuya función es acabar con el bárbaro ya que busca la confrontación con el entorno natural quien en su defensa puede llegar a doblegarlo o acabar con él.

Es curioso comprobar la naturaleza en el comportamiento animal, pues, cuando todo está equilibrado, todo fluye, pero cuando hay desequilíbrio, los pensamientos dirigen al ser a la fatalidad.

Quizá el único ser natural que es capaz de percibir su equilibrio o fatalidad conscientemente, es el ser humano y en su mano está actuar en pro del equilibrio porque conscientemente percibe las consecuencias de su fatalidad.

domingo, 13 de enero de 2019

Reflexión sobre el amor y la felicidad...



Me permito reflexionar sobre el amor y la felicidad, pues los encuentro en el mismo sitio, allí donde se ven pero nunca se consiguen, guardados en la vitrina de las concepciones particulares, donde se muestran los logros conseguidos, o metas a conseguir, pero siempre tendentes a convertirlos en meros instrumentos del hedonismo particular, aunque, en buenas personas, en una meta inalcanzable, pero que se puede conseguir sólo a pequeñas dosis, extraídas gota a gota de su pequeño frasco, administrada como una medicina etiquetada, sugestión personal.

Me permito dudar de su existencia, pues nunca nadie los obtiene, pero sin embargo todos creemos que están ahí... al alcance de la mano, ¿Cómo puede estar tan cerca y nunca conseguirse?

Me doy el derecho a renunciar a ellos, por ser falacias, ilusiones, espejismos y entelequias de expectativas, y me dirijo hacia lo que siempre me ha atraído, el hecho concreto, tal como dar sin esperar nada a cambio, o entrar, sin saber por qué, en ese contexto donde se mezclan las necesidades con las expectativas, en busca de esperanza, produciéndose en mi interior, tal incontenible aluvión hormonal, que aquello sea nombrado como, enamoramiento, o bondad, o generosidad, o ... estupidez sin recompensa,

Pero siempre rechazaré lo inalcanzable, aquello que nunca podrás conseguir, por mucho que la humanidad lo nombre como real, y me refiero a ese TODO llamado FELICIDAD, pues, a lo sumo, sólo podré adquirir pequeñas dosis de algo similar, cuando tras ejecutar determinadas acciones, me produzcan ciertas placenteras sensaciones, y tras ello devenga un sentimiento de goce o de bien estar, o de alegría vital, pero nunca seré tan ingenuo ni presuntuoso de asociarlo a la FELICIDAD, porque, sencillamente, sólo existe como sugestión personal, y ello duele más, cuando no la tienes contigo.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Religiones y dios y eso ...


Difícil es desprenderse de esas enseñanzas a las que te fuiste amoldando. Como víctima irremediable de tu tiempo, y por no nacer sabiendo, vas adquiriendo esos conocimientos de la mano de la familia y los ejecutas como ciertos, sin que nada de ello pueda ser comprobado más allá de un castigo real que precede a un “supuesto castigo espiritual”, dicho castigo real consiste en generar contextos a través de los cuales canalizar situaciones de las que emerjan sentimientos de algún tipo de dolor.

Hemos aprendido ésto en la familia y se le llama castigo, sobre todo es eso, aunque también aprendemos a reconocer lo que te puede hacer daño, qué es lo que tienes o debes hacer para que no recaiga ese daño en ti, pero, sobre todo es la base de seguridad y tranquilidad desde la que harás tu propia vida.

Bien es cierto que para los que hemos nacido en familias religiosas, de cualquier religión, el sentimiento de culpa es tan grande que sólo pensar en no ser de esa religión ya genera un malestar insoportable. Sólo pensar en una duda en cualquier tema de esa religión a modo de poner en evidencia su veracidad, produce una gran inestabilidad personal merecedora de castigo, y el principal es el ponerse en duda uno mismo.

Esto es debido a que se ha producido una alienación real y efectiva en orden a esa idea, que no es otra cosa que una manera de controlarte en tus acciones posibles, según un valor superior al que podrás llegar una vez muerto, pero, esta vida es una putada, pues dependiendo de lo bien que te resignes a hacer tu papel de buen correligionario, más alto llegarás después, cuando ya no seas persona, independientemente de lo que de lo que te toque ser en esta vida.

Es más, no hay religión que acepte la vida real pues la pone en relación a la que se producirá después de ésta, y, a demás, la dan como más cierta que la que uno está viviendo, e, incluso sin una sola prueba que lo demuestre. Ésto es ya de por sí demostración suficiente de que cualquier religión es una secta, y, como tal aliena a sus acólitos con sus mensajes de paz y esperanzas, dentro de su ambiente concreto en el que se otorgan el poder de dirigir tu voluntad con la promesa de algo mejor después de tu muerte.

A lo largo de la historia, y salvo algunas noticias más o menos esporádicas y controvertidas a la vez que dudosas, nada de cierto parece haber en esas promesas de ultratumba, pero sí que hay infinidad de pruebas del orgullo humano depositado en esas creencias, así que se han encontrado tumbas de muy diferente significación pero en las que se adivina una cierta espiritualidad o apego hacia la persona fallecida, o animales e incluso cosas, y algún tipo de liturgia y ritual asociado a ese momento, incluso se podría adivinar esa esperanza futura de “otra vida”.

Desde humildes agujeros, tinajas mortuorias, acumulciones de cadáveres, ordenaciones sociales en cementerios en los que se encuentran desde lo más humilde a fastuosos enterramientos, o yendo más allá, aquellas culturas cuyo valor por la vida no termina con la muerte, mostrando a sus familiares momificados, y qué decir de aquellos líderes sociales cuya creencia les hizo preservarse momificados o embalsamados, como si su presencia no sólo repercutiera en la vida que dejaron sino que también en la futura humana, e incluso en su otra vida en la que creían, pero encontraron ese elemento de su vida que es la muerte, como el siguiente paso para su poder, es decir, la culminación de su propio orgullo.

En fin, la muerte, ese tema tan controvertido, es un tema que unas culturas ven con alegría y la festejan, y otras con aflicción y la temen. Para unas es puerta a otra vida y para otras es terminación real, pero en cualquier caso, hay una significación sobre quien ha dejado de vivir y sobre el comportamiento a seguir con respecto a ello. Así que, con o sin religión, habrá un saber común que dirija ese momento para sentir lo esperado, y, bajo ningún concepto, la duda en ello genera la irrealidad de lo sucedido, pues, las cosas son lo que uno hace de ello, por lo que, la acción hace la situación, aunque una misma acción en otro ambiente sea otra situación.

Todo ello dice a las claras una sola cosa, si existiera uno o varios dioses, ya estaría más que demostrado en todas las culturas y modos de saber, pero lo único que está más que demostrado es que las personas significamos algo en nuestro tiempo y ello quedará reflejado por el saber, aporte, apego, cariño, amor o todo lo contrario, siendo ello la repercusión que dejamos en los que se han relacionado con nosotros, así que es por ello que hemos creado una significación, quizá litúrgica y/o ritual, a ese crucial momento de la muerte, por lo general no deja indiferente a nadie, pues difícilmente habrá alguien que no reaccione ante un fallecimiento por lo que tiene de repercusión en la realidad.

Lo que es completamente cierto es que el que muere entra en un proceso de descomposición corporal y, según sean las circunstancias en las que repose, así será, de manera que con el paso del tiempo, tan sólo pueda quedar de ello, unos restos y, con suerte una memoria, escrita, artística, oral, etc., de lo que significó en su tiempo y con ello en el presente del que lo encuentre en su tiempo.

Aquí ni hay dios ni dioses, tan sólo lo que las personas hacen en su tiempo y de ello lo que repercutieron, en lo bueno, en lo malo, en avance o en retroceso…

Así que, quizá, esas enseñanzas desde las que uno parte, han de tomarse como aquellas repercusiones positivas desde la que uno parte en la vida pero nunca las definitivas, pues si a uno le surge la incomodidad en ello, no debe tener reparo en buscar su propia significación, siendo ésto lo único que debe mover a cada cual. Si uno se adhiere a una creencia, es de desear que sea con libertad y tanto como el que se separe de ella, pues sólo así, uno es más uno mismo.

Por último, si ha de creerse en dios o dioses, más vale proyectarlo en un punto en el infinito de la creación, como ese inicio desde el que parte todo, pues, en nuestra mentalidad ha de haber un principio, pero teniendo en cuenta que esto es sólo una acomodación a nuestro entendimiento pero que falla porque en él no habría principio, lo cual es de por sí una incongruencia intelectual para nosotros, y ya no podría ser ese dios o dioses iniciadores de nada. Por ésto es que no puede existir en mi más creencia en algún tipo de dios, e incluso pongo en duda la palabra principio, relegando su significado sólo a lo cuantificable, pero nunca a lo ideal o intelectual.

Digamos que lo cuantificable es nuestro mundo real conocido, pero siempre tendrán un principio y también un fin, a modo mensurable, aunque no lo tengamos presente, también lo tienen, por lo tanto, éste es el valor que le doy al principio y al fin, un valor que siempre está ahí, y es por existir. Probablemente, si llegáramos a encontrar ese principio, comprenderemos que eso es sólo un elemento de otra realidad, como el palo que encontramos en el bosque y el bosque que está en una región, y ésta pertenece a un país y éste está en un continente y éste forma parte del planeta tierra, y éste es uno de los que forman el sistema solar…. en fin, todo son repercusiones unos de otros, y ésto se da tanto con una mirada hacia lo macroscópico como a lo nanoscópico…

Desde el punto de vista intelectual, el principio es la referencia de partida de la dimensión en la que sitúas el suceso, así que podrás aseverar cuando empezó algo, dónde, cuánto… pero nunca podrás decir que antes no existiera porque la intelectualidad es algo a lo que se llega y por lo tanto, ya estaba, sólo que no tenías ese saber para comprenderlo, por eso es que no todo el mundo adquiere la misma intelectualidad, es como saber matemáticas, están ahí… ¿quién la sabe? ¿Acaso empiezan cuando tú las sabes? Ocurre lo mismo que con el mundo físico, cada elemento intelectual es sólo un elemento de algo más.

Así pues, yo ya acepto que las religiones son modos de cultura que enseñan a convivir según un orden jerárquico, que ayudan a darle un significado a la vida que a cada cual le toca vivir a través de pautas sociales. Acepto que parten de elementos que no se pueden demostrar, y por ello usan de la fe, y actúa como canalizadores de los comportamientos en orden a su creencia. El creyente consigue llevar una vida con significado concreto, con una orientación concreta y con una esperanza de repercusión concreta, lo cual les tranquiliza mucho ante los vaivenes de la vida que se producirán, pues encontrará respuestas a sus preguntas con su creencia, obediencia y aceptación de los preceptos que condicionan su religión.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

¿Violencia de género?

Esta mañana, con la terrible noticia de las muertes por causa de la llamada violencia de género, no sólo nos horrorizamos ante tal barbarie, sino que dió lugar a cierta polémica entre nosotros, que somos partidarios y partidarias de la paz y la concordia, el respeto mutuo y la igualdad para todos y todas.

La cuestión es que tal y como los noticiarios escupen las noticias, somos los hombres unos potenciales dementes, pues tal es el porcentaje de casos que se contabilizan que hacen caer en el simplismo de que es el hombre, y sólo él es, al que de buenas a primeras le da por ser así.

Qué duda cabe de que la mujer, por contra, no sólo no hace nada, sino que es ella quien se rebela contra esta situación, siendo el hombre quien no soporta su desplante y hace uso de esa macabra característica que lleva impreso, tal es así que a nadie le pasa por la cabeza otras cuestiones desencadenantes de tales situaciones.

Bueno, por mi parte me he posicionado en la cuestión de que sería muy necesario que existiera un debate abierto en la sociedad sobre cómo se comportan hombres y mujeres, sobre qué comportamientos alientan esas circunstancias y sobre qué es lo que hay que hacer para escapar y/o ponerse a salvo de esas situaciones.

Pero, también he puntualizado que es un error echar la culpa de todo al hombre, por mucho que copen las estadísticas, pues, quien hace eso, sea hombre o mujer, no está bien de la cabeza, es decir, no es común ir matratando ni nadie mata por matar, sino que más bien es cosa de estados mentales que si son detectadas a tiempo, sirven como mecanismo principal en la defensa personal.

Obviamente, he puntualizado que la maldad existe, que no podemos creer en un mundo sin ella, y que lo fatal es encontrarse con una persona así en tu vida, pero no podemos creer que adhiriéndose a ella la vida va a ser mejor, porque en realidad o es que compartimos esa característica o adoptamos un comportamiento que es un mecanismo de defensa para que no recaiga en nosotros pero, en ambos casos, lo alienta.

Independientemente de la conversación que se produjera en el ambiente en el que estábamos de camino al inicio del día de cuantos estábamos allí, lo que se ha producido es una violencia sonora y afectiva que ha ido en aumento pues es normal, amistosamente, que cuando uno ve las cosas tan claras, cualquier consideración sea rechazada a menos que sea para dar la razón, y se utilizan ironías y sarcasmos que menoscaban lo contrario.

La cosa es que, esa misma violencia nuestra la he he expuesto y la he intentado trasponer a esas familias o relaciones, pues en ellas se dará también una situación que desemboque en ella, pero, fatalmente alimentado desde la alienación de la víctima, siendo más notorio cuando la violencia es física.

Por todos es conocido que las mujeres actúan de una manera distinta a la de los hombres, y sin usar de violencias físicas usan de violencias afectivas tendentes a erosionar la autoestima del contrario, que, pueden potenciar la situación tóxica, pero, qué duda cabe que cualquier persona sobre la que recaiga la violencia extrema nunca se la merece, y, en esas situaciones, como es el enconamiento en una separación de pareja, o el mismo mecanismo de defensa, hace que todo se acelere y todo converge en más violencia por ambos lados.

Por último, cabe destacar que no es cuestión de tantos por ciento de casos, es cosa de personas, y si se dan casos en ambos sexos, es que tanto uno como otro está muy capacitado a hacer ese tipo de cosas, y, tan sólo la educación y el conocimiento será capaz de reducir esas cifras que nunca debieron existir, pues tanto la mujer es persona como el hombre, y uno nunca debiera tener poder sobre el otro.

Por último, yo mismo he conocido a personas (hombres y mujeres) que han sido verdugos y víctimas, bien por causa de su divorcio, bien por causa de la degradación de su relación, algunas aún están en esa situación y lo hacen por causas que para ellos está justificada, pero llegados a cierto punto, hay que reconocer que hasta que no han puesto tierra de por medio no han dejado de hacerse daño mutuo, e, incluso, después hay un periodo de tiempo de adaptación que cada cual ha de superar y, entonces, pueden rehacer su vida, pero, ante todo hay que comprender que hay que ser muy firmes en las decisiones tomadas.

Tan sólo son unas reflexiones que he querido compartir sobre este problema que en todos los países sucede y las culturas modernas parecen no atajar, pero, al igual que aunque en España la mayoría de la población de presos es masculina, y no por ello reducimos al sexo masculino a la delincuencia, hagamos el esfuerzo de poner en su sitio a la mal llamada “violencia de género” que sólo tiende a criminalizar al sexo masculino potenciando al femenino, lo cual es una postura interesada, cruel e injusta que obedece a cuestiones ajenas al caso, que pretenden enfrentar a los sexos.

No obstante, incluyo al filósofo ya fallecido Gustavo Bueno de quien se puede ver su exposición en youtube en el siguiente enlace, que se explica con profusión y magistral evidencia lógica, no como yo.