lunes, 16 de julio de 2018

“Ser o no ser, esa es la cuestión”...

“Ser o no ser, esa es la cuestión”, reza, o más bien diría yo meditación profunda, en la obra Hamlet de William Shakespeare, y de popular que se ha vuelto, ya lo usamos como coletilla en nuestras conversaciones, cuando hablamos de todo aquello que tiene que ver opciones personales que requieren de una voluntad propia para comprometerse en algo muy importante.

Ser o no ser, para mi, nunca es la cuestión, la cuestión es SER, porque, de no hacerlo es cuando deviene el soliloquio donde palidecen las certezas y ennegrece la tinta con las dudas, y los miedos la hace sudar como sangre.

La cuestión es que ese mundo interior que tenemos nos hace creer que ello puede darse, y debería hacerlo, ya que la experiencia personal es intensa y, como no, tan deseable como realizable.

La realidad que nos circunda es puesta en duda constantemente por nuestro mundo interior, de manera que cada cual queda posicionado frente a ella generando la suya propia. Es por ésto que cada cual, ante una misma circunstancia crea una realidad, y del conjunto de ellas desemboca en una resultante interactiva, que es la circunstancia real del momento. Digamos, por ejemplo, que hay varias personas en un jardín y en un extremo se produce un incendio, así que de la manera que las personas actúen ante ello, se generará una circunstancia, bien sea por haber colaborado uno o varios, por haberse marchado todos, por aparecer alguien o algo externo que influyera en ello… en fin, cada circunstancia tendrá esas repercusiones en tiempo real que le hacen ser.

Bueno, pues eso es lo mismo con el ser de cada uno, donde ese mundo interior se está posicionando constantemente con el exterior y generando su ser, en una u otra situación. Cuando esos posicionamientos tienen una pauta en una generalidad de situaciones, tanto las parecidas como las distintas, es cuando uno puede afirmar con precisión el cómo es esa persona, y, por lo tanto, no solamente el por qué de su posicionamiento sino que también podemos acercamos a la certeza de su ser.

Entonces es cuando uno comprende ese soliloquio, que no será el mismo para todos, ya que esa cadena de intereses que en cada cual pujan en su ser, y de inseguridades que frenan a su mundo interior, resultan en quién es él y “esa es la cuestión.”

Como estamos en constante evolución, ser o no ser será la tesitura en la que de vez en cuando se nos plantee que la vida nos está llevando, pero, en realidad, lo que intentaremos es hacer prevalecer ese mundo interior en este mundo exterior, procurando que esta resultante sea lo más parecido a lo que uno desea o le apetece, y, como no siempre uno tiene la habilidad o sabiduría suficiente, es que esa duda gana en fuerza, pero, en realidad, es una argucia epitáfica de nuestra falta de posibilidades reales.

Qué duda cabe, que cuando las circunstancias reales te ganan, tu mundo interior te puede conducir por vericuetos tortuosos o inusuales, pero allá donde te lleven, la realidad siempre será la resultante entre tus acciones y tus deseos, pues o bien te reflejan quién eres o bien te arrojan qué eres, y te posicionan en lo acertado de tu búsqueda, pero siempre estará en tu mano, replantear ese mundo interior y aprender del exterior, porque es uno el que hace la realidad resultante ya que uno siempre ES.

Cuando murió mi padre...

Cuando murió mi padre yo tenía veinticuatro años menos unos días, y cuando murió mi madre habían pasado dieciséis días desde que cumplí los cincuenta.

Puedo hacer una línea de conocimiento de lo que es mi vida en la que observo mi propia tendencia, pues, de ser casi un buen cristiano, como lo era, he pasado a ser un agnóstico pues comprendí que lo único cierto y real es la naturaleza y sus manifestaciones.

Ciertamente siempre me quedará la duda de lo que me sucedió con apenas unos tres o cuatro años, pues estaba muy ligado afectivamente a cierta persona que trabajaba ayudando en casa, y por motivo de hacer su propia vida se fué, lo cual me causó un gran quebranto personal, pues ahora veo que me sumí en una depresión tal que hasta, según me cuentan, me negaba a comer y, creo que me retrasó en mi evolución personal generando una falta de aceptación de la realidad y exteriorizando todo tipo de somatismos desde la incontinencia urinaria, fecal, pesadillas y mi silencio exterior pero las continuas conversaciones con mi amigo interior, que eso si que lo recuerdo, junto con todo el malestar que aquello me generaba, hasta un cierto aislamiento selectivo y una infatigable imaginación, abriéndome sólo a relaciones más íntimas y me cerraba a las más genéricas. La única sensación que recuerdo de todo aquel tiempo es de ir y venir porque me llevaban y traían a éste o a aquel lugar, el “tener que hacer” para que “no me castigaran”, y, curiosamente, el intentar “hacer las cosas bien por adelantado” con el fin de obtener “reconocimiento social”, pero, no tengo recuerdos mucho más concretos de todo aquello. Considero que esto es otro punto importante en mi vida desde el que todo lo demás se puede comprender mejor. Pero, fuera de todo sentimentalismo, al menos, hay que tenerlo en cuenta.

Bueno, volviendo a la idea, comprendo que en el transcurso de la vida el pensamiento de uno puede cambiar, al menos cambiará en la intencionalidad de tenerlo, me refiero a que a uno le van inculcando determinados conceptos pero llega un momento en el que hay que validarlo, y de no servir, podrá devenir una crisis en la que todo se tambalee, porque son los cimientos del propio convencimiento los que faltan.

Obviamente, habrá quien esos cimientos los acepte durante toda su vida y no sienta dichos temblores personales muy fuertes, pero llegará un momento en el que deberá aceptarlos como propios para seguir adelante consigo mismo.

Tan válido es aceptar un conocimiento que te haga ser alguien o algo en la sociedad, y dentro de ella lo seas tú, como aquel cuyo convencimiento sea el de fabricarse su propio mundo en base a las experiencias que le vayan surgiendo, sacando consecuencias y conduciéndolas a conclusiones vitales que las justifiquen.

Así pues, he llegado a la conclusión de que me inculcaron toda una serie de expectativas que me han estado pesando a lo largo de mi vida pero agradezco haberlo visto, pues, ahora se que soy de los que necesitan estar convencidos de sí mismos, y para ello he de prescindir de aquellos conocimientos que no sean realmente válidos, y, la verdad es que me libera haber comprendido que mis padres no acertaron conmigo, e incluso que no obraban bien con mi ser, pero no les culpo porque ellos también pasaron por éste proceso y decidieron ser quienes fueron. No obstante, gracias a ellos, estoy aquí y ello no ha hecho más que hacer que yo sea más yo mismo y más sensible a lo íntimo, venga de donde venga.

Eso que se produce ahora en el presente...

Eso que se produce ahora en el presente, es el futuro visto desde el pasado que no sabíamos que se produciría, y a la vez, es la consecuencia del contexto donde se da lugar el presente, pero, a la vez, quedará como pasado en cuanto deje de producirse y se convierta en un recuerdo de cualquier presente posterior.

Es curioso pensar que el futuro no es aquello que vendrá de la mano de lo impensable, sino que cada presente, de cada sujeto coincidente, va desembocando en ese futuro, pero, sólo se produce un presente, un futuro y, curiosamente, una multiplicidad de interpretaciones de pasados.

Quizá el pasado haya que verlo como la consecuencia lógica de las circunstancias coincidentes en el mismo instante, así que dar un paso, o hacer un movimiento o pensar una cosa… generó ese futuro y no otro, por lo tanto, es verdad que el futuro es incognoscible porque no es fácil la tarea de averiguar los estados coincidentes, pero una vez los vas conociendo, o intuyendo, comprendes el resultado que se dió.

Es por eso que, cuantas más realidades eres capaz de captar del pasado, tu visión de ello cambia, tanto es así que en el pasado creíamos en poderes sobrenaturales con repercusión constante en cada ser humano, a comprender, por ejemplo, qué es y por qué se produce la fiebre, o la aurora boreal, o tantos saberes ya desmitificados.

Por otro lado, podemos ver el presente como el fabricador de futuros, así que, por ejemplo, un peso será movido de un sitio a otro generando un futuro distinto si lo hace una sola persona que si actúan varias personas en la acción. Pero, idealmente, cualquier futuro es posible y en nuestra mano está fabricarlo.

Objetivamente, uno no actúa si con ello no obtiene algún beneficio, al menos a priori, así que nuestro generador de futuros está condicionado por esa máxima. También hay otra que requiere de la constatación de lo inamovible, es decir, aquello que está en el escenario de acción pero no se puede modificar en beneficio propio, sino que hay que usarlo o no usarlo buscando un beneficio propio, tal es así como que cualquier parte del escenario lo define y repercute condicionando las posibilidades.

Pero, al igual que elijo palabras para dar forma a mi idea mediante este escrito, es que utilizo unas y no otras por motivo de ser el lenguaje utilizado y las normas que tengo aprendidas, tanto para escribir como para transmitir, procurando generar esa transmisión que a priori considero beneficiosa. Quizá, pueda modificar una y otra vez el texto, pero, qué duda cabe que cuando paso de párrafo o de línea o de palabra, doy por válido lo que hago generando un futuro posible,aunque cada vez que lo revise y cambie algo del mismo, estoy generando otro, así que lo difícil de crear futuro está en el objetivo que uno se plantea para hacerlo, ya que si uno es hábil en el escenario de acción, puede llegar a atraer la atención hacia algo deseable.

De no conseguir el objetivo propuesto deviene la recapacitación y entonces se da el presente que a uno le va mejor, bien sea culpando al pasado, bien sea superándose en lo que sea necesario, etc., la cuestión es que el futuro siempre tiene una intencionalidad y siempre es la resultante entre las intencionalidades presentes y las posibilidades reales, tal es así por ejemplo, como el de los padres que queriendo dar una buena formación académica a su descendencia, se topan con la cuestión de sus posibilidades económicas, su momento sociocultural y las capacidades intelectuales de sus hijos. Así que no todos recibirán igualmente ni aprovecharán igualmente los recursos vertidos en ellos. ¿Es ésto justo? ¿Pueden los hijos culpar? Siempre habrá donde cogerse para justificar tu finalidad, pero, en honor a la verdad, se produce lo que de poder producirse confluye para que se dé.

No quiere decir ésto que nos dejemos llevar por la casuística, sino más bien, hay que ser conscientes de lo importantes que somos cada uno en el presente para hacer otro futuro, ya que, como mínimo, el único futuro que puedes esperar que se produzca es aquel al que tus actos individuales conduzcan, pues eres un elemento incuestionable de ello, lo cual no quiere decir que seas el importante ni el fundamental, pero si que eres uno de los granitos que forman la montaña que se llama futuro.

Esta mañana...

Esta mañana, camino al trabajo, emitido por radio, aún analógica, una noticia de esas que levanta ampollas para alguno de los que hacíamos ese trayecto común. La cuestión es la de que “amplían la lista de centros concertados en educación” (pero a los bien privados).

Como es natural, aspavientos y rabiosas exclamaciones se han emitido al aire, pero yo he dicho que me parece bien porque así, hay más familias que pueden acceder a ese tipo de educación.

El volúmen ha subido hasta el punto de demostrar verdadero fastidio por mi insolidaria opinión, ya que la razón que se augumentaba en mi contra era que el presupuesto para los centros públicos se veía aún más minorados, pues, repercute de esa manera en el recurso económico destinado a ello.

Mi razonamiento, no exento de ignominia hacia lo público, era que no había que mezclar los conceptos, pues, no es lo mismo (o debería ser) el presupuesto destinado a los centros públicos que lo destinado a los concertados.

En fin, esto es un punto sin retorno pues, ¿quién tiene razón?... NINGUNO.

Estamos en la realidad de lo inmensamente subjetivo, pues, ¿Acaso no es bueno que quien quiera tenga ayuda para acceder a ese tipo de educación (ojo, no estoy diciendo que no deban aportar los gastos que esos centros le soliciten vía donativos o vía concepto que esos centros impongan incluso contando con la ceguera de la administración)?, ¿Quién controla ese tipo de gasto en la administración para que no se mezclen las churras con las meninas y no nos culpen de que ese es la opción preferente entre los ciudadanos para justificar la escasa atención a los recursos públicos que existen en todos los centros?, y, por último, ¿Acaso con esos centros concertados no se origina un aluvión de intereses sociales que mejoran la distribución social aunque disminuyen los gastos de los centros por falta de alumnos?, en fin. No creo estar revelando nada nuevo ni que mi razonamiento sea nada novedoso ni erudito, pero es así.

Personalmente, aunque nunca lo he utilizado, apoyo el recurso público bien nutrido y atendido, y no veo mal que exista esa “ayuda social” para los que quieran tener acceso a ello, ahora bien, ésto no debe mermar las partidas presupuestarias dedicadas a que lo público esté bien nutrido y atendido, ahora bien, nada de ello está en nuestra mano, pues los políticos de turno hacen lo que es su interés apoyándose en el voto de los ciudadanos, con éste único punto de encuentro con ellos, después es la voluntad del político quien el ciudadano asume como “Sancta Sanctorum”.

La cuestión es que la conversación se ha quedado así, y tras haber llegado cada uno a su punto, con la afectividad mutua intacta, cada cual nos hemos dirigido a nuestro destino.

Pero, claro, mi cabeza ha seguido pensando, y me han venido imágenes de injusticia manifiesta aceptada por intereses particulares. Tal es así el caso de los médicos que siendo trabajadores del sistema de salud pública, atienden pacientes en sus clínicas particulares cobrándoles lo religiosamente aceptado pero usando del recurso público cuando sea necesario, a demás de la incompatibilidad laboral que con toda seguridad están infringiendo.

También me viene a la cabeza aquellos fraudes aceptados por imposición que terminamos pagando todos, como la deuda del estado, los ayuntamientos y comunidades autónomas, que lejos de gestionar correctamente sus recursos, no dudan en acudir a ese endeudamiento como si nunca tuvieran dinero, y haciendo creer a la ciudadanía que el endeudamiento es la vía de la prosperidad. Pues los impuestos no son para lo que se cobra sino que lo cobrado se mete en un sólo número y después se distribuye de manera política según interese a los intereses “democráticamente elegidos” donde, una vez más, el único punto de encuentro es la votación de la que salieron electos esos políticos cuya voluntad es “Sancta Santorum” para la ciudadanía.

Precisamente esa impunidad política es bajo la que innumerables ciudadanos se han amparados como “políticos” democráticamente elegidos urdiendo sus corrupciones extendiendo los tentáculos de la corrupción por doquier. El mundo de la empresa ha colaborado a hacernos creer que es un maravilloso mundo de beneficios, porque lo meten todo como gasto, o en vez de contratar trabajadores les obligan a ser autónomos cuando son asalariados, o … en fin, hay muchos casos que se pueden traer a colación.

La ambición es el motor de toda esta retaila de injusticias porque, esa ambición es, ni más ni menos, la máxima de la naturaleza, a saber; “yo, mi, me y si sobra algo, para mí”, lo que ocurre es que somos seres humanos y nos regimos por valores que nosotros mismos hemos aceptado como los dignos, a saber, democracia, justicia y estado de derecho.

Los que tienen esa máxima ambiciosa en sus vidas, no tiene reparos en mentir, engañar, tergiversar y liarlo todo hasta el punto de aprovecharse de los defectos y flecos del sistema para avanzar en sus ambiciones personales.

La ambición es Deseo intenso y vehemente de conseguir una cosa difícil de lograr, especialmente riqueza, poder o fama, y por ello, es aquello a lo que uno tiende, lo cual no tiene porqué ser negativo, pero si es egoísta. Ojalá fueran más los ambiciosos (egoístas) cuyo beneficio lo obtuvieran haciendo el bien al prójimo, pero, no por ser más o menos en número, el mal es más notorio y, además, produce una retracción por superviviencia natural, que les da un tiempo y espacio cuya existencia y aprovechamiento nos hace creer que sólo eso es lo que prevalece.

Lógicamente, toda esta situación genera una realidad corrupta, inherentemente auspiciada por el beneficio propio, lo cual no es en sí un atentado a nada, pero, los esfuerzos que requiere dicha ambición es lo que genera una realidad corrupta en su esencia pues; teniendo razón, no la tengas, en la que habiendo pagado, ésto sólo sea el pase para tener derecho a tener derecho, es decir seguir pagando, y te das cuenta que es el momento en el que eres el controlable y en ti ponen todas las miradas y presiones para que todas aquellas ambiciones te entretengan con un teatro fantasmagórico entre la verdad y la mentira que recae sobre ti y los tuyos, siempre...

Y me pregunto ¿ Ésto es democracia ?, ¿ Ésto es justicia ?, ¿ Ésto es avance ?.”

Inquisición cultural moderna

Una de las estupideces que ha creado el ser humano son los derechos de autor, que dignificado dentro de una ley pretende recaudar por doquier para beneficio del autor, no sin antes pasar por las arcas del estado a través de “algunas asociaciones de autores” y depositarles unas migajas a ellos que tendrán que volver a declararlo como ingresos anuales a sumar a los ingresos que obtuvieron y todo ello para cobrar de ellos los impuestos correspondientes, incluso de lo que en principio era suyo de pleno derecho, es decir, los derechos de autor y el mismo estado se los diera.

En realidad, siempre se ha reconocido la autoría de una obra y el derecho a ello, pero como las editoriales son las que mandan en este mundo, ahora también las impresiones bajo demanda, el autor siempre se ve desfavorecido con unas contraprestaciones verdaderamente exiguas, injustas y pedigüeñas.

Así que, para beneficio del autor, se sacan una ley de la chistera, o varias, o a nivel europeo unifican los derechos de autor, con el fin de “proteger” hasta el más mínimo resquicio de derecho de autor, con la pretensión de que sea él quien dé el permiso explícito para que su obra sea dada a conocer y si alguien obtuviera algún beneficio (económico) pueda revertir en beneficio también del autor.

Pienso que ésto sólo beneficia a las empresas relacionadas con éste mundo y a las injustas asociaciones relacionadas con los autores, porque lo que se obtiene es, ni más ni menos, que la obra que uno quiere dar a conocer no pueda ser difundida más que en una reseña que el autor consienta y quien lo obtenga, no pueda darlo a conocer en ningún medio porque siempre existirá el riesgo de que alguien pueda intentar un provecho económico de ello, saltándose a la recaudación de las asociaciones y del estado. Así que veo que el autor sale verdaderamente perjudicado siempre y en cualquier caso, salvo que sea de los agraciados por la industria “de la cultura” y en sus contratos salgan favorecidos por reunir las circunstancias que los conviertan en apetecibles al beneficio de la propia industria.

Personalmente pienso que como autor, lo que defiende mis derechos son varios factores, por un lado, que se pueda dar a conocer con facilidad mi obra, que los contratos que puedan ligarme con esta industria no me humillen y que una vez que reciba un dinero recaudado por el mismo estado (en cualquiera de sus modos y maneras), no tenga que declararlo como beneficio mío. Lo contrario sólo obedece a la usura de uno u otro sector que nada beneficia al autor y le castiga con una “inquisición cultural”, es algo así como, te reconozco los derechos de autor pero nunca llegarás a nada si no eres verdaderamente ambicioso y convences a la industria para que “haga dinero contigo”.

Cualquier otra idea son, como diría Merlín el Encantador son “paparruchas”

Animales humanos

Quizá por ser los animales que somos, de los humanos, es que mezclamos los sentimientos con las sensaciones y las aspiraciones con las ambiciones, todo en la coctelera de las inevitables necesidades que no nos permiten superar las vicisitudes del reino natural que nos esclaviza hacia la muerte.

Qué duda cabe que por nuestra supra-capacidad (capacidad superior al resto de los seres vivos) es que nos creemos dueños de nuestro destino, lo cual nos ha conducido a superar ciertas limitaciones temporales y de la mano de la ciencia y la técnica se han superado.

Seguro que el futuro nos deparará muchos avances de la mano de la ciencia y la técnica, que permitirán superar ciertas enfermedades incurables, o convertirlas en controlables cronicamente, permitirán hacer cosas hasta ahora sólo imaginables e incluso algunas inimaginables.

Creemos que todo es posible o lo será, y así debe ser, pues el paso del tiempo no hace más que fortalecer esa idea. Hasta ahora, todo apunta en esa dirección haciendo entrever un futuro casi casi impredecible.

Cierto es que nada se implanta de inmediato, ni que los cambios se producen en un plazo muy corto de tiempo, salvo que sea lo imperante para el conjunto de “quien sea” que haga que todo eso se pueda ir implantando para que en el plazo lo más corto posible, se haga realidad aquello que era impensable.

Siempre es cuestión de que concurran circunstancias y oportunidades con voluntades y recursos y, hay momentos en la historia en que parece que se reúnen y, como por arte de magia… se produce.

No puede producirse todo ello sin que “los que pueden” muevan los “hilos que tengan que mover” para que “se produzca lo que tenga que producirse” y, entonces, aparecen avances que poco a poco se van implantando en las sociedades y al cabo de pocas generaciones… el futuro es … impensable. Aparecen avances médicos, técnicos, económicos, sociológicos, etc. que impulsa a las sociedades en direcciones coincidentes como si encontraran en ello el recurso necesario para avanzar.

Normalmente, todos estos avances están ligados a lo que les precede, por norma general, una situación de hambruna, penuria y encarecimiento de la vida que lo justifica una guerra o una revolución o un cambio de sistema socio-económico. Por lo general, ingentes cantidades de recursos son desviados a “una dirección” cuya prioridad es superior al dolor humano que supone, pero, las generaciones futuras lo agradecerán y casi ni percibirán el daño causado, más bien, verán que el avance era inevitable y tiene un costo.

En fin, dado el momento histórico que vivimos, se perciben fluctuaciones importantes en lo que era lo normal y apunta a cosas nuevas, pues tanta convulsión en los países, los gobiernos y las mentalidades sociales, apuntan a un cambio de dirección que se está produciendo y que las generaciones venideras serán capaces de valorar, como nosotros lo somos de las precedentes, así pues, me pregunto…

¿Por qué no se dejan de jodidos jueguecitos y hablan a las claras para que todos podamos colaborar? porque mi instinto me dice que nos manipulan a su antojo.

ser. estar y existir ... eso es todo

Quizá todos los seres, desde los inmateriales a los materiales, desde los no sintientes a los sintientes, no seamos más que eso que dándose se produce y su finalidad es ser hasta que dejen de serlo, no obstante, hay tres premisas que parecen transmitirse en todo pero cada ser en su ambiente lo lleva a cabo, estas tres premisas emanan de su ser, estar y existir, que no es más que; por un lado, la negociación de equilibrios del ser con el ambiente contextual, en segundo lugar; el mantenimiento de los elementos necesarios para poder seguir siendo, y por último, que algo de ellos se transmita en lo que de ellos se pueda generar, y, estas tres características, como mínimo se dan en todo.